Simulación
¿A quién le importa lo que digan los expertos cuando se tiene el respaldo del pueblo que alza su voz a través de las encuestas morenistas?
Este fin de semana, Morena está levantando una encuesta para saber qué opina la gente sobre el Poder Judicial. Spoiler alert: los resultados terminarán coincidiendo con lo que dice el dedito de Andrés Manuel López Obrador.
Las preguntas, por supuesto, no estarán amañadas y serán lo más objetivas posibles, algo así como: ¿cuál es su opinión de los jueces y magistrados?, ¿pésima, mala o regular?; ¿cómo deberían nombrarse los jueces y por qué considera que debe ser con votación popular?; jueces que han dejado en libertad a delincuentes, ¿deben ser considerados traidores de la patria?; ¿usted ha tenido que lidiar con un juez o todos los días reza un rosario para que esto no suceda?
Los resultados de las tres encuestas serán el pretexto para que la reforma judicial propuesta por el Presidente sea aprobada sin problema en la Cámara de Diputados con su recién estrenada mayoría calificada. Faltaría sólo saber si en la de Senadores, la oposición logra detener la compra-venta de senadores que se requieren para que sea también aprobada en la Cámara alta.
A la que más le convendría que no se alcanzara la mayoría constitucional es a la virtual presidenta electa Claudia Sheinbaum, pues así evitaría que esta reforma le descomponga el ambiente y la confianza de los mercados. Le daría, además, tiempo para que ella tomara, o al menos intentara, tomar el control del país. Esto claro, si realmente López Obrador decide irse a su rancho.
El Presidente inició su mandato haciendo una encuesta hechiza para justificar su decisión de detener la construcción del aeropuerto de Texcoco. Ahora, en el ocaso de su administración decide cerrar con broche de oro utilizando otra encuesta para empujar su última gran idea con la que piensa concluir su venganza contra los jueces, quienes a lo largo de su sexenio detuvieron varias de sus ocurrencias.
Hay una coincidencia generalizada que el sistema judicial del país puede reformarse para mejorar, el problema es que los especialistas, abogados y organizaciones sociales hablan de que la reforma que propone el tabasqueño es un gran retroceso. Elegir por voto popular a unas mil 800 personas del Poder Judicial no garantizaría idoneidad, pues podrían llegar los más populares no los mejor preparados. Además, al ser propuestas de los partidos ¿de qué lado latiría su corazoncito? La autonomía quedaría en entredicho y se repetiría el esquema de reclutamiento del Ejecutivo: 90% de lealtad y 10% de capacidad.
No obstante, ¿a quién le importa lo que digan los expertos cuando se tiene el respaldo del pueblo que alza su voz a través de las encuestas morenistas? ¿Por qué les parece tan malo que México se parezca a Bolivia?, único país en el mundo donde los jueces federales son elegidos por voto.
En medio se encuentra, Claudia Sheinbaum. Durante su campaña fue muy vocal al decir que apoyaba el plan C de su mentor, incluyendo la reforma judicial. No contaba con la astucia de los mercados y la depreciación del peso. Por supuesto nadie en su sano juicio quiere iniciar su gobierno con la amenaza de la degradación de la calificación de país debido a los vaivenes de la política, pero como López Obrador ya se va, no debe importarle mucho.
Por las declaraciones del Ejecutivo, de Ignacio Mier y de Juan Ramiro Robledo, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, quien dijo que los foros sobre la reforma judicial son para oír, no para debatir, es altamente probable que la reforma judicial se apruebe sin moverle una coma, y que todo lo del parlamento abierto y las encuestas sean una simulación más, se esas que se vieron a lo largo del sexenio.
