La ley no es la ley... excepto cuando le conviene a Morena
El día de hoy se movilizará la llamada Marea Rosa, integrada por políticos de oposición, ciudadanos y organizaciones sociales para exigir que no se permita la sobrerrepresentación de Morena y aliados en el Congreso. En la Ciudad de México, la manifestación será ante ...
El día de hoy se movilizará la llamada Marea Rosa, integrada por políticos de oposición, ciudadanos y organizaciones sociales para exigir que no se permita la sobrerrepresentación de Morena y aliados en el Congreso. En la Ciudad de México, la manifestación será ante el Instituto Nacional Electoral (INE), pero esperan que haya demostraciones públicas frente a los órganos electorales de otras ciudades.
El reto es explicar qué es la sobrerrepresentación y lo que está en juego, algo que se antoja difícil, primero, porque es un concepto bastante rebuscado y confuso y, segundo, porque no es algo que haya generado interés en la población. Aun así, vale la pena cualquier esfuerzo para frenar la aplanadora de Morena.
Básicamente lo que quieren el partido guinda, PT y Verde es que el INE y Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) les asignen 74% de los curules —373 diputados— cuando sólo obtuvieron 54.7% de los votos. Es decir, una sobrerrepresentación de 20% ¡magia electoral que transforma un puñado de votos en una montaña de escaños!
El debate está en que si el tope de la sobrerrepresentación de 8% aplica sólo a partidos políticos o a coaliciones. Irónicamente, mientras todo el sexenio el Presidente desdeñó la ley señalando que: “No me vengan con que la ley es la ley” o “ninguna ley puede estar por encima de la autoridad moral”, ahora sí, en este caso él y su partido quieren que la ley sí sea la ley, y se aplique al pie de la letra lo que la Constitución dice, sin ninguna posibilidad de interpretación.
Lo que se pretende es que un sistema diseñado para proteger la diversidad política se convierta en un camino directo hacia la hegemonía. Es como ver a un atleta olímpico exigir todas las medallas de oro, pero sin haber corrido la carrera completa y sin tener que llegar a la meta, porque a su juicio estuvo a la cabeza de los demás competidores y eso le da suficiente ventaja.
Morena ha descubierto que en la política no basta con ganar, hay que arrasar, pretenden que en el Congreso la palabra equilibrio se convierta en una especie de chiste interno. Si este partido obtiene el número de curules que pretende, lograría la mayoría calificada que le permitiría realizar cambios constitucionales con la mano en la cintura.
Para que el partido del Presidente y sus rémoras logren la sobrerrepresentación se requiere la colaboración y anuencia del INE y el TEPJF. El problema y amenaza es que estas instituciones electorales, que deberían estar vigilando como halcones para evitar cualquier abuso, parecen más bien pajaritos que observan desde las ramas, sin atreverse a batir sus alas. Hasta ahora su papel ha sido más el de un comentarista deportivo que el de un árbitro con verdadera autoridad. En lugar de aplicar las reglas del juego, parece que están más interesados en narrar el espectáculo.
Aplicar la Constitución al pie de la letra como ya algunos consejeros del INE han señalado, es hacerse de la vista gorda de las estrategias electorales que Morena aplicó durante la campaña, como separar su alianza con el PT y Verde en varias entidades para obtener más posiciones en el Senado, incluso que estos partidos compitieran con candidatos “prestados” por Morena. Es también hacerse como el tío Lolo y pretender que el PT y Verde son partidos independientes, autónomos y pensantes que votan libre y diferenciadamente de Morena.
La sobrerrepresentación es la metáfora perfecta de la política mexicana: complicada, confusa y fácilmente manipulable por aquéllos que saben jugar el juego con cómplices que lo permiten.
