El legado de un tabasqueño

No están desaparecidos, sólo no los han encontrado

En estos cinco años de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dejado ver su versatilidad y dominio en diferentes disciplinas.

Matemáticas: el tabasqueño le dio un nuevo sentido a la materia y le enseñó al país que, en su gobierno, 2 + 2 nunca son cuatro, porque él tiene otros datos; que el número de desaparecidos no es realmente una cantidad, sino una visión generada desde la deconstrucción conservadora. Además, no es que estén desaparecidos, sólo que no los han encontrado. En su administración, los números carecen de relevancia, así se trate de homicidios o de los millones desfalcados en Segalmex. El único porcentaje que realmente le hace sentido es el de su popularidad.

Recursos humanos: la política de gestión de personal de la 4T ha roto paradigmas. Desde su punto de vista no es necesario tener habilidades, experiencia, conocimiento o inteligencia. La única prueba que deben pasar es la de lealtad absoluta. Con esta simplificación administrativa, el Presidente ha contratado a gran parte de su gobierno en un abrir y cerrar de ojos. Si no llega a encontrar a la persona idónea, no se quiebra la cabeza, sino que le pasa esas tareas a las Fuerzas Armadas que han resultado ser ingenieros, albañiles, administradores, pilotos, policías de investigación y prevención, choferes y tapa goteras —como las presentadas durante la inauguración del Aeropuerto de Tulum—, más las tareas que se acumulen antes que acabe el sexenio.

Lingüista: el mandatario dejará un legado lingüístico que ya lo quisiera la Real Academia Española (RAE). Nuevas palabras y conceptos han quedado inscritas en letras de oro en el manual de campañas contra la oposición: fifís, conservadores, neoliberales, sepulcros blanqueados, callaron como momias. No sólo eso, también ha inventado o le ha dado nuevo sentido a términos como “fuchi-caca”, “me canso ganso”, “abrazos, no balazos”, “pobreza franciscana”, “tengan para que aprendan”, “no me salgan con que la ley es la ley” y “mi pecho no es bodega”, entre otros.

Astronomía: de acuerdo con su cosmovisión, el centro del Universo es él. Todos los planetas y personas giran a su alrededor, y su opinión y sus intereses no sólo son lo más importante, sino, además, lo único. Desde su punto de vista, si algo malo pasa en el país es para dañarlo y si algo bueno sucede es porque él lo hizo posible.

Psicología: López Obrador le ha dado un nuevo significado a la palabra víctima. Si los damnificados del huracán Otis en Acapulco piden apoyo, es porque quieren perjudicarlo; si los padres de familia de los niños con cáncer protestan o las mujeres se manifiestan exigiendo que cesen los feminicidios es porque están en su contra. Si los medios reflejan la realidad del país y lo cuestionan, es porque ningún otro presidente ha sido tan atacado como él. Lo malo que pasa en el país es culpa de los gobiernos anteriores, nunca de él.

Sin embargo, una de las mayores herencias de López Obrador es, sin duda, ser fuente de inspiración para muchos gobernantes que quieren ser como él: atacan a la oposición, a los medios, niegan la realidad o desprecian la ley. Uno de los casos más patéticos es el de Samuel García, quien ha generado en el estado de Nuevo León la peor crisis política que haya tenido la entidad. El emecista demostró en unas cuantas semanas su vena autoritaria, la falta de oficio político, la torpeza administrativa y el gran miedo que tiene. Prefirió regresar al gobierno antes que pusieran un interino que lo pudiera investigar.

Como si el país no tuviera bastante con el legado del propio mandatario nacional, sus minimís se multiplican en el país.

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