Árbol que nace torcido

Deberían meditar muy bien su voto los integrantes de las organizaciones sociales que juraban que vendría un cambio en las políticas ambientales

Hay millones de personas que han decidido que votarán por Morena, muchas porque temen perder los apoyos que reciben, aunque éstos ya sean constitucionales; otros, porque les da prurito votar por el PRI, PAN o PRD; algunas más porque sienten que es la opción menos mala, o porque piensan que Andrés Manuel López Obrador será realmente quien siga gobernando y les cae rebién. Esto le ha dado una ventaja a la candidata oficialista Claudia Sheinbaum.

Pero, ¿qué sucedería si todas las víctimas de este gobierno emitieran un voto de castigo? Seguramente, la elección tendría un giro distinto.

¿Quién deberían pensar muy bien su voto? De entrada, los periodistas, pero no los que bailan al son que toca Jesús Ramírez Cuevas, sino a esos valientes que han visto cómo el gremio ha sido zarandeado y vilipendiado sólo por hacer su trabajo. A ésos son a los que se les debería levantar un monumento por escuchar las mañaneras o, al menos, darles una caja de pañuelos para secar sus lágrimas de frustración. A quienes observan con impotencia cómo son agredidos y asesinados sus colegas en todo el país con una impunidad del 99 por ciento

Y qué decir de los empresarios, no de los magnates que siguen acumulando billetes, sino de las pequeñas y medianas empresas que nunca han visto ni la sombra de un apoyo gubernamental.

Por supuesto, deberían reflexionar muy bien por quién van votar aquellas personas que llegaron al IMSS, al ISSSTE o cualquier clínica del gobierno y les dijeron que la próxima cita era en cuatro o seis meses. También los pacientes que tienen más posibilidades de encontrar un unicornio en el Metro que una medicina especializada.

Aquellos que realmente creyeron que la corrupción terminaría en este sexenio y que han visto como Roció Nahle o Manuel Bartlett tienen más escrituras que la Biblia, que el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado se convirtió en el Instituto para Adueñarse de Todo lo Robado o que, incluso, hermano, hijos y sobrinos del propio Presidente están bajo sospecha de malos manejos. También deberían pensar dos veces en si Morena merece su confianza nuevamente, quienes pensaron que la democracia se fortalecía y no que viviría en el permanente asedio eliminando cualquier obstáculo que se oponga a la 4T.

Deberían meditar muy bien su voto los integrantes de las organizaciones sociales que juraban que vendría un cambio en las políticas ambientales, de seguridad o derechos humanos y que, poco a poco, vieron a un Presidente ecocida, negligente, y que no le interesaban los derechos de las víctimas. No sólo eso, sino que además ha perseguido y acosado a sus dirigentes buscando minar su credibilidad, como el caso de María Amparo Casar.

El voto de castigo debería venir de aquellos que creyeron que el país se pacificaría o que perdieron a un familiar o amigo a causa de la inseguridad que se vive en el país o por el negligente manejo de la pandemia que provocó, según expertos, 300 mil muertes que se pudieron haber evitado si se hubiera gestionado bien esta crisis sanitaria. Por supuesto también las mujeres que han sido violentadas, que saben que el feminicidio está imparable y que cuando protestaron fueron acusadas de conservadoras.

No deberían votar por los candidatos de Morena los familiares de las personas desaparecidas, que lo único que han recibido es indiferencia y ataques, de quienes murieron en la tragedia de la Línea 12, de los estudiantes de Ayotzinapa que siguen sin recibir la justicia prometida.

Si tan sólo estas personas, que suman millones, no votarán por Morena y aprendieran que árbol que nace torcido nunca su rama endereza, hoy estaríamos hablando de una elección completamente distinta.

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