Hoy se llevará a cabo el segundo debate chilango en el que se abordarán los temas: agua y transparencia y el sempiterno combate a la corrupción, ese monstruo que todos juran derrotar, pero que sigue más fuerte y vivo que nunca. Nuevamente, Clara Brugada representando a Morena y rémoras; Santiago Taboada por el PRI, PAN y PRD y Salomón Chertorivski de Movimiento Ciudadano se verán las caras.
Aunque generalmente un debate difícilmente cambia la intención de voto, en el caso de la CDMX la elección está que arde y cualquier error o acierto podría hacer la diferencia. De acuerdo con una encuesta del periódico El Financiero publicada el viernes, sólo habría cinco puntos de ventaja entre Brugada —que tiene una intención de voto de 42%— y Taboada —con 37 por ciento—. El emecista apenas si alcanza el seis por ciento. No hay una candidatura que arrase o que sólo tenga que aplicar la estrategia de defender su ventaja, por lo que todos tirarán a matar.
Sobre el primer tema del debate, tanto Taboada como Chertorivski deben estarse frotando las manos porque podrán cuestionar a la morenista sobre cómo pretende resolver la crisis del agua en la capital si no pudo llevarla a los habitantes de Iztapalapa cuando fue alcaldesa.
No sólo eso, el problema con el agua de la alcaldía Benito Juárez le cayó al panista como anillo al dedo. El pésimo manejo que ha realizado el Gobierno de la CDMX y la falta eficiente de respuesta ante las quejas ciudadanas serán como gasolina para encender la llama; que los morenistas ahora estén hablando de boicot en el pozo de Álvaro Obregón sólo muestra que el asunto se les fue de las manos y están desesperados.
Además, las propuestas de la morenista pueden topar siempre con pared cuando le recuerden que en los gobiernos de su (no tan) comadre Claudia Sheinbaum, o su (muy) compadre Marcelo Ebrard o su mentor, amigo, patrocinador, impulsor y manager Andrés Manuel López Obrador no lo hicieron antes.
En el segundo caso, debe ser Brugada quien espera con ansías abordar el caso del llamado Cártel Inmobiliario, ya lo hizo en el primer debate y seguramente lo hará en el segundo y en el tercero.
Seguramente habrá una nueva ronda de ataques entre los dos punteros con sus respectivas cartulinas “ilustrativas”. Chertorivski será como la ensalada de un buffet: presente, pero ignorado. La duda será si vuelve a sacar palomitas o las cambiará por papas o jícama con chile piquín. Aunque no tener nada que perder le da la ventaja de siempre poder sorprender con alguna ocurrencia o buen desempeño.
Ganar un debate contundentemente implicaría no sólo de atacar al contrincante, sino además de demostrar carisma, lo que de entrada se ve difícil porque ninguno de los tres participantes es un dechado de gracia. Si no se tiene ese elemento, al menos buscar sembrar la duda razonable en aquellos indecisos o quienes no te ven como opción, esto se logra siendo empáticos, inclusivos, evitando despreciar a algún sector de la población y, por supuesto, demostrando que se tiene la experiencia y conocimiento para gobernar la CDMX.
Además, se deberá colocar en la mente de quien escucha alguna propuesta de cada tema; para ello tiene que ser sencilla y que haga sentido, que la gente pueda hacer suya o repetir fácilmente. Aquí no funcionan las utopías.
De antemano se sabe que la candidata y los candidatos se declararán ganadores del debate, sus partidos y sus respectivos seguidores los felicitarán. Brugada esperará que, ahora sí, Claudia Sheinbaum le dé unas palabras de amor, porque la última vez que la felicitó parecía un robot en modo de ahorro de energía.
