¿Y la ciudad, apá?
Seguramente en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento están con un grito en el cielo suplicando que, por favor, en nombre de la humanidad, ya dejen a Miguel Ángel Mancera terminar algo, una obra, un proyecto, lo que sea es bueno. Y es que a lo largo de su administración, el ...

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
Seguramente en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento están con un grito en el cielo suplicando que, por favor, en nombre de la humanidad, ya dejen a Miguel Ángel Mancera terminar algo, una obra, un proyecto, lo que sea es bueno.
Y es que a lo largo de su administración, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México no ha dado una en cuestión de magnas obras, ya sea el deprimido Mixcoac-Insurgentes que tanta oposición vecinal tuvo o un corredor Chapultepec que finalmente se canceló.
Ya sea por fuerzas oscuras, diabólicas, políticas o simplemente por ineficiencia, el gobierno de la ciudad está permanentemente en batalla por sacar adelante sus planes.
El problema es que sus detractores ya le agarraron la medida y son capaces de detener una obra tan relevante como la Línea 7 del Metrobús. Muchos no están de acuerdo con la obra porque “afea” la icónica avenida de Reforma —como si los autobuses y los microbuses que por ahí transitan fueran hermosos—, otros señalan que impacta al bosque o daña monumentos históricos, lo cual tiene que demostrarse.
Sin embargo, lo que está fuera de discusión, le guste a quien le guste, es que urge transporte público eficiente y limpio, y que éste, como en cualquier parte del mundo, puede atravesar avenidas y calles principales. Que alguien no esté de acuerdo no significa que no sea necesario para miles de usuarios que padecen diariamente la falta de opciones.
De acuerdo con el juez que suspendió la obra del Metrobús, las autoridades no demostraron el carácter imperativo y necesario para la construcción, ¿en serio? ¿Qué no ha salido a las calles de la ciudad? ¿Acaso vive en Finlandia? ¿Qué faltaría para probar la urgencia de un transporte masivo de calidad?
Lo que se está viviendo en la Línea 7 del Metrobús es de risa loca, un grupo de vecinos de Polanco está en contra de una política pública en beneficio de miles de personas, y una supuesta Academia medioambientalista impuso un amparo para combatir uno de los transportes más limpios de la ciudad por el tipo de autobuses que utilizará.
Sin embargo, además de preguntarse ¿quién está detrás de esta oposición absurda?, hay que cuestionarse, ¿dónde quedó el capital político y social de Mancera para construir obras? La respuesta es sencilla: lo dilapidó y hoy en día parar una obra del gobierno de la ciudad es más fácil que pedirle a Vicente Fox una declaración sobre Donald Trump.
El jefe de Gobierno no tiene credibilidad ni respeto. Dejó que la inseguridad regresara a la Ciudad de México y en lugar de obligar a su secretario de Seguridad Pública y al procurador de Justicia a ponerse las pilas, le echa la culpa al nuevo Sistema de Justicia Penal. Absurdo que diversos expertos y organizaciones sociales ya le han aclarado, señalando que eso no tiene que ver con los aumentos de los ilícitos.
Además, Mancera está más preocupado por su imagen a nivel nacional que descuida lo que está realmente sucediendo en la Ciudad de México. Lo mejor que pudo haberle pasado es ser presidente de la Conago, no sólo porque así pide que lo nombren en los eventos que asiste, sino porque finalmente se siente cómodo.
En este afán de ganar notoriedad en el resto del país, lo mismo regala patrullas a Acapulco (el chiste se cuenta solo), que manda bomberos para controlar el fuego de la refinería en Salina Cruz, Oaxaca. ¿Y la ciudad, apá?
El jefe de Gobierno ha señalado que será en octubre cuando tome la decisión de si pedir licencia para competir por la Presidencia de la República. Tal vez no sea mala idea que busque ser candidato del PRD o del partido que sea, así, el que llegue podría, finalmente, terminar lo que está incompleto.