Vencerán

El libro I de la célebre obra platónica La República, que trata sobre la justicia, comienza con un diálogo aparentemente trivial, pero que no lo es. Tras haber presenciado las fiestas de la diosa Artemisa, Sócrates se dispone a volver del puerto de El Pireo a Atenas, ...

El libro I de la célebre obra platónica La República, que trata sobre la justicia, comienza con un diálogo aparentemente trivial, pero que no lo es. Tras haber presenciado las fiestas de la diosa Artemisa, Sócrates se dispone a volver del puerto de El Pireo a Atenas, cuando es interceptado por Polemarco, quien quiere retenerlo para que converse con él y otros amigos el resto del día. Después de que Sócrates le confirma su intención de volver a la ciudad, Polemarco le dice: “¿Qué no ves cuántos somos? O eres más fuerte que nosotros o permanecerás aquí”. Entonces, el padre de la filosofía occidental revira con esta genialidad: “Sin embargo, resta otra posibilidad: que los persuada de dejarme ir”. Ésta es una forma magistral de plantear que no es la fuerza la que fundamenta la justicia, sino la razón. Ahora bien, no existe un espacio en el que la razón se pueda materializar más que en la Universidad. Actualmente, una de las más insignes está bajo ataque. El jueves pasado, la secretaria de Seguridad Nacional estadunidense anunció un veto a estudiantes extranjeros de Harvard, obligando a los que actualmente están cursando sus estudios a cambiar de centro o a exponerse a ser expulsados del país. Adicionalmente, informó que dejarán de extender visados a alumnos foráneos para estudiar en dicha institución. Según palabras del presidente de este prestigioso centro, Alan Garber, lo anterior es una represalia por no acceder a entregar al actual gobierno los datos personales de los alumnos que participaron en manifestaciones propalestinas, en los últimos años. En una (bella) carta publicada por Garber, responde que “la institución se reúsa a rendir su independencia y someterse al control gubernamental”, se solidariza con los “compañeros de clase y amigos, colegas y mentores” y remata diciendo que continuarán apoyándolos, mientras hacen todo lo posible por mantener a Harvard abierta al mundo. Esta defensa quizá alcance para compararla con la que hiciera el rector de la Universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno, un 12 de octubre de 1936. En aquella ocasión, en medio de una incipiente guerra civil provocada por un golpe de Estado militar, un temido general, Millán Astray, pronunció, por imposición, un execrable discurso discriminatorio en el paraninfo de la universidad que, al concluir, cosechó el apoyo popular de los fascistas asistentes. Con una valentía difícil de creer, el rector tomó la palabra enseguida y tras decirle a la cara varias verdades al Novio de la muerte, pronunció la célebre sentencia de la que hoy recordamos este fragmento: “Vencerán, pero no convencerán” (abajo, la majestuosa cita completa). La frase significa que quien tiene la fuerza, claramente puede imponer su voluntad, pero eso no la vuelve justa, porque la justicia, igual que la razón y la verdad, tienen que ser congruentes. Trump no lo es. Una de las muchas pruebas es la última emboscada tendida al presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, en la que lo acusó de no actuar en contra de la discriminación racial y el supuesto genocidio de agricultores blancos sudafricanos (afrikáners). Al margen de que tales acusaciones hayan sido desmentidas, tanto por las principales agencias de noticias como por los mismos afrikáners, es obvio que el ataque a Harvard tiene como origen y consecuencia esa discriminación contra la que finge luchar.

Persuadir

“Éste es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Están profanando su sagrado recinto. Vencerán, porque tienen sobrada fuerza bruta. Pero no convencerán. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitarían algo que les falta: razón”. A Unamuno se le impuso arresto domiciliario. Ese día fue escoltado hasta su casa, donde murió, súbitamente, dos meses después.

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