Póquer electoral
Iniciaron las campañas electorales. Desde el primer segundo de marzo y hasta el día 29 escucharemos promesas tanto creíbles como increíbles. Para conseguir llegar a ser elegidos de entre los otros postulantes, de lo que se trata es de atinar a lo que la mayoría ...
Iniciaron las campañas electorales. Desde el primer segundo de marzo y hasta el día 29 escucharemos promesas tanto creíbles como increíbles. Para conseguir llegar a ser elegidos de entre los otros postulantes, de lo que se trata es de atinar a lo que la mayoría considera que debe hacerse por el bien común o por su interés individual, que no necesariamente son lo mismo, y prometérselos. Así es como se ha iniciado la competencia de doblar las apuestas. Claudia Sheinbaum, por ejemplo, ha propuesto que las pensiones se entreguen a partir de los 65 años, pero que desde los 60 se pueda recibir la mitad. Xóchitl Gálvez “vio la apuesta”, proponiendo que sí sea recibida desde los 60, pero completa. Clara Brugada dijo: “veo y subo”, proponiendo dar las pensiones a partir de los 57 años en la CDMX y añadió dar subsidios por cada menor de edad, desde su nacimiento y durante los primeros mil días de vida. Desde el punto de vista del interés personal, recibir más dinero por más tiempo siempre será preferible, pero desde la perspectiva del interés general deberíamos asegurarnos, primero, de que contamos con los recursos suficientes y, después, de que ése sea el destino óptimo de los mismos. De lo contrario, podrían ofrecer a cada mexicano una pensión vitalicia desde el nacimiento, equivalente al PIB per cápita de Luxemburgo (el mayor del mundo) para ganar de una vez esta competencia de promesas, sin preocuparse de si sobrará algo para invertir, por ejemplo, en algo de infraestructura que prevenga la crisis hídrica. Por otra parte, además de hacer promesas creativas, para los políticos es indispensable que se las creamos. Exigirles credibilidad es el mecanismo que tenemos los votantes para influir en quienes aspiran a representarnos, pero es un poder efímero que alcanza su punto álgido durante las campañas y elecciones; después, prácticamente lo perdemos, como lo demuestra el hecho de que el Presidente haya prometido, en diciembre de 2018, al asumir el cargo, que tendríamos un sistema de salud como el de Dinamarca en 2021, para después reconocer (en abril de 2023) lo obvio, que no había cumplido. En noviembre del mismo año volvió a prometer que tendríamos “el mejor sistema de salud del mundo”, sólo que en marzo de 2024. El viernes pasado reconoció, una vez más, que la promesa sigue incumplida y nuevamente se comprometió a que tendremos “el sistema de salud pública más importante del mundo”, antes de que termine su administración. A estas promesas incumplidas debemos añadir que también prometió no tirar “ni un árbol” por el Tren Maya y ya se calcula que van más de 10 millones de árboles derribados. Con respecto a Dos Bocas, incumplió cinco veces con los plazos dados para que iniciara la refinación y ahora también con las expectativas de producción, que han bajado de 340 mil barriles diarios a 243 mil al día, para este año. Por cierto, que tanto el costo de la refinería como el del AIFA son otras promesas incumplidas, pues ambos rebasaron lo presupuestado. Sin embargo, según Oraculus, el Presidente cuenta con un 69% de aprobación, la más alta registrada los últimos cinco sexenios, lo que prueba que, una vez pasadas las elecciones, honrar las promesas suele dejar de ser relevante. Ahora, con respecto a los candidatos, la complejidad estriba en que, en palabras del poeta inglés Samuel Johnson: “Nuestro ánimo se inclina a confiar en aquellos a quienes no conocemos por esta razón: porque todavía no nos han traicionado”.
- CONFIAR
También se puede inteligentemente. Quizás a esto se refiera la frase: “Busque al ornitorrinco, no al unicornio”.
