Nuclear
La tecnología avanza más rápido que la prudencia humana. La primera detonación de un dispositivo nuclear, la bomba Trinity, el 16 de julio de 1945, en el desierto de Nuevo México, estuvo precedida por un cálculo probabilístico. J. R. Oppenheimer determinó que la ...
La tecnología avanza más rápido que la prudencia humana. La primera detonación de un dispositivo nuclear, la bomba Trinity, el 16 de julio de 1945, en el desierto de Nuevo México, estuvo precedida por un cálculo probabilístico. J. R. Oppenheimer determinó que la probabilidad de que una reacción en cadena destruyera el planeta entero era baja (una en 3 millones, igual que la de ganar la lotería). Como es sabido, semanas después se lanzaron la bomba de uranio, Little Boy, sobre Hiroshima y la bomba de plutonio, Fat Man, sobre Nagasaki. En su momento, se calculó el número de víctimas de las tres primeras detonaciones nucleares de la historia en 250 mil personas, pero ignorábamos algo. Según el estudio Las consecuencias de las pruebas nucleares atmosféricas de Estados Unidos en Nuevo México y Nevada (1945-1962), publicado el año pasado, la nube radioactiva resultante de Trinity se trasladó miles de kilómetros de distancia, hasta Canadá y el norte de México, concentrando sus consecuencias nocivas en un radio de 400 km. Los habitantes más cercanos, que se pensaba que estarían a salvo, vivían a tan sólo 80 km. Después de algunos meses, comenzaron a enfermar. La tasa de mortandad en bebés subió a cien de cada mil y, diez años después, los habitantes comenzaron a morir de cáncer. A pesar de esto, lo que siguió fue una época de intensos ensayos nucleares. El caso paradigmático es el del archipiélago Marshall, donde las autoridades desalojaron “temporalmente” a la población del atolón Bikini “por el bien de la humanidad” para hacer 23 pruebas nucleares, algunas de ellas mil veces más potentes que las detonadas en Japón. Los nativos nunca pudieron volver. En el atolón vecino, Enewetak, hicieron otras 44 detonaciones, después recogieron 85 mil metros cúbicos de restos radiactivos, los colocaron en un cráter dejado por una de las bombas, llamada Cactus, y los cubrieron con un domo de concreto, hoy conocido como domo Cactus o domo Runit, en espera de que transcurran los próximos 24 mil años, que es lo que tarda en descomponerse el plutonio. Hoy se sabe que los desechos están filtrándose al mar y, como si de una fantasía animada se tratase, los biólogos han hallado tiburones mutantes sin segundas aletas dorsales. Según Arms Control Association, al menos ocho naciones han agujereado el planeta ya con 2 mil 056 explosiones nucleares, de las cuales 1,528 han sido bajo el agua o subterráneas, generando cavernas llenas de gases radiactivos, y 528 han sido atmosféricas, que son las que generan aún mayor contaminación radiactiva. El Centro de Investigación de Estocolmo para la Paz estima que Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, Pakistán, Israel y Corea del Norte, tienen aproximadamente 13 mil 080 cabezas nucleares. Rusia encabeza la lista con 6 mil 255, seguida de EU, con 5 mil 550. Se calcula que los demás países tienen menos de 500 e Israel y Corea del Norte, menos de cien. Por otra parte, algunos países, como México, han firmado tratados de adhesión a Zonas Libres de Armas Nucleares (Tratado de Tlatelolco, 1969) para nunca ser atacados con esas armas, entre otras cosas. Pero el cambio que acaba de aprobar Vladimir Putin a la doctrina nuclear de su país establece que un ataque por parte de un Estado sin armas nucleares, pero con el apoyo de otro que sí cuente con ellas, será considerado como un ataque conjunto, y de paso aseguró que “el conflicto regional ya adquirió elementos de carácter mundial”..
Conflictorrinco
Suecia, Finlandia y Noruega comenzaron a distribuir, desde la semana pasada, manuales de supervivencia en caso de crisis, guerra o “por si llega a presentarse un accidente de tipo nuclear”.
