Misericordia

Silvano Espíndola

Silvano Espíndola

Ornitorrinco

Después de la eufemísticamente llamada “intervención militar” de Estados Unidos en Venezuela (3 de enero), el presidente Trump ordenó la retirada de su país de 66 organizaciones globales (7 de enero), así como dejar de suscribir tratados internacionales. A este abandono, que incluye la salida de 31 entidades de la ONU, hay que añadir las que ya habían dejado, como la Organización Mundial de la Salud, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y el Acuerdo de París sobre cambio climático, en 2025. Dado que ese país es el mayor contribuyente financiero de la ONU, aportando alrededor de 22% del presupuesto regular del Organismo y 25% de los recursos que se destinan al mantenimiento de la paz, cabe preguntarse si esto no significa el golpe de gracia a las Naciones Unidas.

Para responder a lo anterior, es útil recordar la celebérrima obra de Immanuel Kant: La paz perpetua. En ella, el filósofo aseguró que para llegar a una paz eterna es necesario reconocer tres tipos de derechos: el interno de cualquier Estado, el interestatal y el cosmopolita, o derecho a la hospitalidad universal, el cual es la base de la paz perpetua, cuya materialización sería una federación de Estados libres. Después de la Segunda Guerra Mundial (SGM), lo más parecido a la ley cosmopolita fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la ONU, lo más cercano a aquella federación de Estados. Ambas instituciones están siendo hoy despreciadas por la (todavía) potencia hegemónica mundial. Es claro, por lo tanto, que su salida efectivamente amenaza la permanencia de dichas instituciones, así que la siguiente duda lógica es si también lo está la paz mundial.

Para dos autores: William Strauss, teórico social, y Neil Howe, economista, la respuesta es clara. Su propuesta, conocida como la teoría generacional Strauss-Howe, sostiene que la historia muestra patrones que se repiten aproximadamente cada 80 años, lo que dura una generación, divididos en cuatro etapas. La primera (Alta) surge después de una crisis, como la SGM, y se caracteriza por la creación de instituciones fuertes y el colectivismo; en la segunda (Despertar), se cuestionan dichas instituciones y comienza a regresar el individualismo; en la tercera (Desenredo), las instituciones ya han sido debilitadas y el individualismo deriva en polarización política; la cuarta etapa (Crisis) corresponde al estallido de guerras y colapsos económicos, después de los cuales reinicia la construcción de instituciones desde cero. Cada etapa va forjando, además, un arquetipo generacional, que actuará en las etapas futuras: en la etapa Alta nacen los que llaman Profetas; en la del Despertar, los Nómadas; en la de Desenredo, los Héroes y, durante la Crisis, los Artistas. Los llamados Profetas, que hoy corresponderían a la generación Baby Boomer (nacidos entre 1943-1960), son maniqueos (“nosotros contra ellos”), carismáticos (no técnicos), impulsivos, antiinstitucionales y dominan la vida pública en la etapa de Crisis. Lo preocupante son dos cosas: que su teoría predice que estos liderazgos buscarán intensificar las crisis, porque su función histórica no es conciliar, sino forzar una definición de conflicto, y que la SGM culminó hace 70 años y cinco meses.

Formada del latín miser, desdichado o miserable, y de la raíz cord, cordis, o sea: corazón (sede metafórica de los sentimientos), “misericordia” hace alusión a la virtud de compadecerse de aquel a quien le queda poco, o nada. ¿Requerirá misericordia la ONU?

 

“Quitapenas”

Los soldados medievales solían llevar un arma blanca punzante, o puñal, de aproximadamente 30 cm, conocida como “misericordia” o “quitapenas”. Con ella acortaban el sufrimiento de amigos y enemigos heridos en batalla, introduciéndola en los huecos de las armaduras para darles el “golpe de gracia”.

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