Milagro por bluetooth

Janucá, la conmemoración judía que se festeja en familia y con regalos para los niños, entre otras cosas simboliza el milagro de una lámpara que ardió durante ocho días con aceite apenas para uno solo, por lo que se la conoce como el “Diwali judío”. El Diwali, o ...

Janucá, la conmemoración judía que se festeja en familia y con regalos para los niños, entre otras cosas simboliza el milagro de una lámpara que ardió durante ocho días con aceite apenas para uno solo, por lo que se la conoce como el “Diwali judío”. El Diwali, o fiesta de las luces hindú, conmemora el triunfo del bien sobre el mal y es celebrado también por los jainistas, cuya doctrina se centra en la no violencia. Evitar el ataque violento a cualquier ser vivo es el primero de los cinco preceptos morales del budismo, cuya fiesta principal es el Día de Bodhi, en la cual se celebra el día en el que Siddharta Gautama (Buda) alcanzó el nirvana, sentado bajo el árbol de Bodhi, por lo que algunos fieles adornan un árbol de ficus con perlas y luces de colores que evocan al pino de Navidad. Por su parte, la Navidad se ha convertido en una celebración social que enaltece el amor y la paz. Estas coincidencias permiten sospechar que el destino implícito de los humanos podría ser simplemente llegar a comprender cómo vivir en paz entre nosotros y con las demás especies que habitan el planeta. Si esto es cierto, deberían existir más pistas fuera de las religiones. Parece que las hay. Una encuesta aplicada a generales que participaron en la Primera Guerra Mundial reveló que su labor más ardua fue obligar a sus tropas en las trincheras a que dejaran de apuntar por encima de las cabezas de los enemigos para fallar deliberadamente. Posteriormente, el general de brigada del Ejército de Estados Unidos, Samuel L. A. Marshall, en su libro Men Against Fire, llegó a la conclusión de que solamente entre 15 y el 20% de los soldados que combatieron en la Segunda Guerra Mundial habían disparado a matar. Buscando una explicación científica a estos comportamientos, hemos encontrado evidencia de que el ser humano es bondadoso por naturaleza, contrario a la creencia más generalizada. Michael Tomasello, en su libro ¿Por qué cooperamos?, aporta pruebas que sustentan que en cuanto comenzamos a hablar y caminar ayudamos a los demás, incluso a desconocidos, y que más bien son los prejuicios sociales los que terminan reprimiendo este comportamiento. Desde 1996 conocemos las llamadas neuronas espejo, descubiertas por un grupo de investigadores de la Universidad de Parma, las cuales nos hacen “sintonizarnos” automáticamente con los sentimientos de los otros, tan sólo con observarlos, y ahora sabemos, gracias al profesor de la Universidad de Sheffield Digby Tantam, que el cerebro también capta microseñales a través de la emisión de moléculas que podemos olfatear y que nos comunican, no sólo lo que la otra persona está sintiendo, sino lo que podría estar pensando. Por si fuera poco, la investigadora Nanthia Suthana, de la Universidad de California (UCLA), estudia una posible conexión GPS entre individuos, a través de otras neuronas, conocidas como “celdas de rejilla”, que nos permiten ubicarnos a nosotros y a otros, en entornos sociales. Esta especie de conexión neuronal, parecida a un bluetooth biológico, podría explicar el famoso suceso conocido como “el milagro de Navidad”, cuando combatientes franceses, británicos y sus enemigos, espontáneamente dejaron de pelear por unas horas, entre el 24 y 25 de diciembre de 1914, para unirse en un juego de futbol, el único partido que se ha jugado entre trincheras, en medio de una guerra mundial.

Pacífico

Dado que la glándula que produce el veneno del ornitorrinco sólo se activa en temporada de reproducción, se piensa que no tiene el objetivo de matar a sus oponentes, sino sólo volverlos más lentos, mientras se aleja.

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