Medianía
Hace un par de semanas, el presidente de la Mesa Directiva del Senado lanzó una pregunta interesante: “¿Quién decide qué es lujoso?”. Para responderle, se puede comenzar por recuperar el sentido etimológico de la palabra latina luxux, de la cual derivó el ...
Hace un par de semanas, el presidente de la Mesa Directiva del Senado lanzó una pregunta interesante: “¿Quién decide qué es lujoso?”. Para responderle, se puede comenzar por recuperar el sentido etimológico de la palabra latina luxux, de la cual derivó el concepto, y cuyo significado original aludía a una opulencia fuera de lo normal. Es de suponer que, si este fuera un diálogo, su siguiente cuestionamiento lógico sería, “pero ¿qué es lo normal?”. Afortunadamente, un destacado correligionario suyo, el actual presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados dio respuesta a su cuestionamiento hace más de diez años, en un artículo titulado Casta dorada, donde propuso como encarnación de la célebre “honrosa medianía” juarista a los legisladores de “democracias avanzadas como Suecia, Francia y la República Checa, donde llegan a sus oficinas en Metro, en vehículos particulares modestos o simplemente en taxi”.
En ese mismo artículo, Ricardo Monreal explica que esa honrosa medianía consiste en “vivir dentro del promedio de vida que llevan los electores a los que se representa, o a los ciudadanos a los cuales se sirve como representante popular, como juez o como autoridad ejecutiva”. Sin embargo, recientemente, Fernández Noroña aseguró que, en su día, Benito Juárez había sostenido que la “decorosa o justa medianía” consistía en que lo correcto es que cada uno se otorgue todo lo que se pueda pagar con su propio ingreso. De ser cierta su interpretación, implicaría que Juárez juzgaba que, por ejemplo, vivir en una mansión de 27 pisos (seis de los cuales son estacionamiento para coches de lujo), con jardines colgantes, varias albercas y un teatro privado, como lo hace Mukesh Ambani, el hombre más rico de la India, o poseer 11 mansiones juntas, como las de Mark Zuckerberg, era exactamente lo que el Benemérito de las Américas consideraba un moderado término medio.
Sin embargo, al revisar todos sus discursos en el archivo histórico del INEHRM, no se puede encontrar algo que sostenga tal interpretación de sus palabras, con la claridad presumida. Por el contrario, en el multicitado discurso del 2 de julio de 1852, ante la décima Legislatura del estado de Oaxaca para inaugurar el primer periodo de sesiones ordinarias, lo que dice es que los funcionarios públicos no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio o a la disipación, sino que deben resignarse a “vivir en la honrosa medianía”. Por cierto, lo que también deja meridianamente claro en otros de sus discursos, es que, por ejemplo, Grecia y Roma sucumbieron precisamente cuando sus políticos comenzaron a anteponer la búsqueda de mejoras, comodidades personales y privilegios, al sacrificio por los intereses patrios, y en varias ocasiones llama “egoísmo criminal” al “egoísmo que reina generalmente en nuestras clases”.
Claramente, Juárez no confundía lo inmoral con lo ilegal. Con todos estos elementos, ya podemos responder resumidamente a sus dudas: con la “honrosa medianía” Juárez se refería a que los políticos no deben, aunque puedan, exhibir en sus gustos y costumbres una riqueza que esté por encima de la que sea estadísticamente normal (promedio) para la población que representan. Por lo tanto, el ingreso promedio de sus simpatizantes es lo que determina lo que son los lujos, mismos a los que tienen que renunciar si no quieren tener que aceptar abiertamente su incongruencia.
Nemotecnia
Dedicado a los políticos que invocaron el legado del expresidente Benito Juárez como reclamo, y con el propósito de contribuir a zanjar el tema de una vez por todas, me permito aportar un recurso nemotécnico que resuma lo antedicho y despeje las dudas para siempre: “Si la mayoría de sus simpatizantes no pueden, significa que ustedes no deben”.
