Los pelos de la burra

El populismo, además de ser útil para ganar elecciones, tiene otros rasgos positivos, como servir de correctivo cuando la política se ha distanciado demasiado de los marginados. Los expertos reconocen que, por lo general, los gobiernos populistas aplican políticas ...

El populismo, además de ser útil para ganar elecciones, tiene otros rasgos positivos, como servir de correctivo cuando la política se ha distanciado demasiado de los marginados. Los expertos reconocen que, por lo general, los gobiernos populistas aplican políticas públicas irresponsables a largo plazo para obtener beneficios electorales, pero aceptan que esto también puede beneficiar a los menos favorecidos, aunque sólo sea en el corto plazo. Dado que hay algunas cosas buenas, cabe cuestionarse, ¿por qué habría que estar en contra de los regímenes populistas? En palabras de Jan-Werner Müller: “Se debe criticar a los populistas por lo que son: una verdadera amenaza a la democracia”. Nuestro Presidente, quien ya ha aceptado ser un populista, ha proclamado su fervor demócrata, igual que el resto de los líderes de la autonombrada 4T; sin embargo, la evidencia los desmiente. De entre los índices que miden la calidad de las democracias en el planeta, los tres principales son el Global State of Democracy Indices (GsoD Indices), elaborado por The International Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA); el Varieties of Democracy (V-Dem), elaborado por la Universidad de Gotemburgo; y el Democracy Index, elaborado por The Economist Intelligence Unit (EIU). Según el primero, la democracia mexicana ha retrocedido a partir de 2018 en los cuatro rubros que monitorea: Representación, Derechos, Estado de Derecho y Participación. En la clasificación del V-DEM, nuestra democracia ocupaba el puesto 71 en 2018, pero para el 2022 cayó hasta el 87. Con mayor contundencia, desde 2021, la EIU ya no considera que en México haya una democracia, ni siquiera imperfecta, sino un régimen híbrido con tendencia al autoritarismo. La imparcialidad de las tres fuentes, su independencia y los tres resultados apuntando en el mismo sentido hacen que la conclusión sea incontestable. No cabe aludir a “otros datos” ni suponer que haya enemigos personales ocultos en universidades escandinavas, mucho menos argumentar conspiraciones de conservadores extranjeros neoliberales que hubieran perdido privilegios aquí. Los datos son simplemente contundentes: durante el actual sexenio han diezmado la democracia mexicana. Según la politóloga María Casullo, los regímenes populistas no suelen durar más de 12 años en el poder, pero se aferran a éste violando leyes y socavando las instituciones. Esto podría explicar que el Presupuesto de Egresos de la Federación 2024, aprobado el pasado jueves, incluya recortes al INE y al Poder Judicial, pero aumentos a la Secretaría del Bienestar, responsable de los programas sociales, convirtiéndola en la que más recursos tendrá el próximo año (electoral) y que los militares controlen cada vez más tareas, así como nueve veces más presupuesto que en 2018, el equivalente al 20% de la inversión pública. Y sí parece ser irresponsable que, de los 9 billones de pesos aprobados, el 20% esté basado en deuda. Todo esto es preocupante porque, como dijo Norberto Bobbio, el Estado democrático y el Estado liberal son interdependientes y cuando cae uno, cae el otro. En otras palabras, si nuestra democracia ya ha retrocedido, nuestras libertades podrían estar marchando hacia el paredón, con los ojos vendados.

UNICORNIO

Percibiendo a la democracia amenazada por el populismo de Trump, los demócratas idearon dos posibles estrategias: a la primera la nombraron “unicornio”, por ser fácil de explicar, pero ilusoria: que los republicanos antiTrump se revelaran formando un nuevo partido; la segunda consistía en que los demócratas cooptaran a los “futuros exrepublicanos”. Sonaba ridícula y era difícil de explicar, pero real. A ésta la llamaron “estrategia ornitorrinco”.

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