Invertido
El recorrido etimológico de la palabra sátrapa inició en el avéstico, desde donde llegó, primero, al griego y, después, al latín, para finalmente asentarse entre nosotros los hispanohablantes, cargada de los significados que ha ganado durante su trayecto. ...
El recorrido etimológico de la palabra sátrapa inició en el avéstico, desde donde llegó, primero, al griego y, después, al latín, para finalmente asentarse entre nosotros los hispanohablantes, cargada de los significados que ha ganado durante su trayecto. Originalmente, era traducible por “protector del dominio”, nada más, refiriéndose específicamente a las provincias en las que se dividía el imperio persa, denominadas satrapías. El término fue transmutándose en uno peyorativo, debido a que esos sátrapas persas, tanto enemigos históricos de los griegos como asiduos adversarios de los romanos, gozaban de un poder absoluto en su territorio, mismo que no pocas veces ejercían sin límites. Actualmente, el término se usa para designar a la persona que gobierna con poca o nula restricción (despóticamente), de acuerdo a sus caprichos (arbitrariamente) y haciendo, además, ostentación de su poder (pedantemente). Resulta que Boravia es gobernada precisamente por un sátrapa, quien, lisa y llanamente, quiere someter al indefenso país con el que comparte frontera, Jarhanpur, sacando partido de su marcada superioridad militar y utilizando con parcialidad su mayor acceso a medios masivos de comunicación. Ambos países pertenecen al Universo DC, es decir, son ficticios y no hacen referencia a ninguna guerra real ni a ningún mandatario en particular, o al menos, según James Gunn, director de la película Superman, e inventor del conflicto, eso es precisamente lo que intentó evitar. Pero ahora no quiero referirme a las obvias referencias reales; sino a cómo, más o menos inadvertidamente, se nos ha invertido el ideal del deber ser con respecto al ser, de igual manera que el sátrapa pasó de ser un protector a ser un verdugo. En la película, con el objetivo de salvar vidas humanas, Superman interviene para evitar una guerra. Lo anterior le granjea el reproche social, hasta de algunas personas cercanas a él, llevándolo a tener que encajar, mansamente, desde un latazo a traición hasta cargos legales, que en última instancia lo llevan a la cárcel. En la vida real, en cambio, otro “protector” que vende armas, bombardea, propone que se reinstaure la pena de muerte para delitos relacionados con la migración, ordena redadas arbitrarias, amenaza a países con anexárselos, adquirir unilateralmente sus territorios, desalojarlos para transformarlos en destinos turísticos o que directamente les esquilma valiosos recursos minerales, a cambio de su displicente ayuda, es propuesto para recibir un premio Nobel. Y no cualquiera. Ni más ni menos que el de la paz. Es como si un hechizo estuviera invirtiendo la realidad con respecto a los ideales que plasmamos, pero no nada más en cómics, sino hasta en las mismas leyes. Por poner un ejemplo, la universidad Harvard fue acusada por el actual gobierno de Estados Unidos de antisemitismo por violar el Título VI de la Ley de los Derechos Civiles, que prohíbe la discriminación por motivos de raza, color y origen nacional, en lo referido a los estudiantes israelíes y judíos, debido a las protestas propalestinas. Por otro lado, una reciente resolución judicial ha tenido que impedir al mismo gobierno seguir realizando detenciones basadas exclusivamente en perfiles raciales, después de documentarse una ingente cantidad de detenciones de ciudadanos estadunidenses de origen latino, surgidas a partir de registros aleatorios, sin causa probable para creer que se hayan cometido ilícitos, lo cual está expresamente prohibido bajo la Cuarta Enmienda de la Constitución estadunidense. Quizás, más que Operation Take Back America, pudieron haberla llamado: Take America Back (in time).
Nobleza
Héctor Rafael Méndez, líder de los Topos mexicanos, quienes siguen en la zona cero del centro de Texas, ha solicitado que se autoricen las visas de varios rescatistas, para poder seguir ayudando al Estado vecino.
