¡He creado un monstruo!

La frase de asombro, exclamada por Victor Frankenstein, pertenece más a la adaptación para el cine 1931 que a la conocida obra literaria 1818. Con ella señalamos que las consecuencias de ciertas acciones, a veces, acaban revirtiéndose. Esto es precisamente lo que le ...

La frase de asombro, exclamada por Victor Frankenstein, pertenece más a la adaptación para el cine (1931) que a la conocida obra literaria (1818). Con ella señalamos que las consecuencias de ciertas acciones, a veces, acaban revirtiéndose.

Esto es precisamente lo que le ha pasado al Presidente, quien, en diciembre del año pasado, hizo una interpretación inexacta (por decirlo eufemísticamente) de lo que Xóchitl Gálvez había declarado en la FIL de Guadalajara, cuando dijo estar de acuerdo en apoyar a los que menos tienen, pero que le parecía que dicho apoyo era insuficiente. Inexplicablemente, el Presidente interpretó, desde su habitual conferencia de prensa, que la senadora deseaba quitar los programas de apoyo.

La aludida reaccionó solicitando que le permitieran desmentir la acusación, en el mismo espacio. La respuesta del mandatario fue que sólo le daría el derecho de réplica si las autoridades lo obligaban. La política ganó un amparo que le garantiza el derecho de réplica en la mañanera; sin embargo, cuando se presentó en Palacio Nacional, el 12 de junio, le impidieron la entrada y, en tono burlesco, el Presidente declaró: “Nos reservamos el derecho de admisión”. Nada más que, en vez de risas, lo que suscitó fue un súbito apoyo popular a la senadora.

WATERLOO

Napoleón perdió esa batalla (y la guerra) porque, aunque sabía que las tropas prusianas iban en camino a ayudar a los británicos, llegaron antes de lo que él esperaba. Análogamente, el Presidente sabía que habría un candidato de oposición a quien vencer el próximo año, pero no pensó que pudiera surgir de pronto alguien tan popular como sus corcholatas, pero sin haber tenido la misma publicidad.

Además, le incomoda que Xóchitl provenga de cuna humilde, con raíces indígenas otomíes y un sincero interés por los pueblos originarios (creó la Fundación Porvenir y dirigió la CDI). Para mayor desasosiego, es filántropa reconocida y empresaria exitosa, pero de pensamiento trotskista, que seguramente estudió en su misma alma mater: la UNAM.

Encima, es mujer, una que logró superar el maltrato machista de su infancia. Y, por si fuera poco, aunque se asocia su carrera política al PAN, en realidad no milita en ningún partido, lo cual podría conferirle cierta inmunidad ciudadana contra el cliché estigmático de: “el PRIAN”.

En resumen, tiene un perfil demasiado parecido a la imagen que el partido oficialista ha idealizado y la desesperación presidencial sólo la encumbra más cuando dice que ella no es parte del pueblo. Por cierto, debería preocuparnos mucho que una persona, quien sea, crea que puede determinar quién pertenece o no al pueblo, máxime cuando proclama la supremacía de dicho pueblo sobre los demás ciudadanos.

En fin, como sabemos, también acaba de asegurar que sabía que Xóchitl sería la representante de la oposición, al menos hace 15 días. Siendo así, sorprende que lo sorprendieran. Lo que busca es tender un manto de suspicacia sobre el proceso de la oposición y, así, librar a sus correligionarios de una inquietante adversaria, pero sólo “está creando un monstruo”.

FRANKENSTEIN

Las asociaciones entre el ornitorrinco y la criatura son casi interminables, pero desde el cuento para dormir sobre el dharragarra (nombre aborigen del ornitorrinco) hasta un juego de cartas: Ornitónkenstein, hacen intuir que tal vez Mary Shelley quería que simpatizáramos con la criatura, no que la aborreciéramos. En su libro se puede leer: “En un arrebato de locura entusiasta creé una criatura racional y estaba ligado a ella para asegurarle su felicidad y bienestar”. ¿Cree que alguien podría tomar nota?

Temas: