Fragmentados

Se avecina nuestro Día de Muertos, pero antes se nos atraviesa nunca mejor dicho la festividad de Halloween, el 31 de octubre. Frente a esta celebración, de origen irlandés, se avivan los discursos en favor de salvaguardar la festividad mexicana más auténtica y ...

Se avecina nuestro Día de Muertos, pero antes se nos atraviesa (nunca mejor dicho) la festividad de Halloween, el 31 de octubre. Frente a esta celebración, de origen irlandés, se avivan los discursos en favor de salvaguardar la festividad mexicana más auténtica y reconocida en el mundo, tanto que en 2003 fue proclamada por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, a partir de 2008. Cada 1 y 2 de noviembre se colocan altares sobre las lápidas de los cementerios, decorados con papel picado, calaveritas de azúcar, pan de muerto y caminos trazados con pétalos de cempasúchil. Pero, contrario a la creencia popular extendida y aceptada en nuestro país, esta celebración no es de origen prehispánico. De hecho, lo que aquí fungió como primer cementerio (del griego koimeterion: dormitorio [eterno]) fue la Catedral que el conquistador Hernán Cortés mandó construir sobre el Templo Mayor de los mexicas. También fueron los españoles quienes cultivaron la primera plantación de caña de azúcar en Veracruz e introdujeron el trigo y los procesos para transformarlo en pan; y el papel picado, de origen chino, no fue comercializado sino hasta 1930, comenzando en Puebla. Esto quiere decir que nuestra admirable celebración del Día de Muertos es una acabada armonía entre las ceremonias indígenas que buscaban ayudar a los fallecidos en su tránsito a Mictlán (inframundo) y los rituales católicos traídos por los colonizadores. Consistentemente, los mexicanos también somos la armonía de nuestra historia. Considerando esto, la demanda de una disculpa a España por los excesos cometidos durante la colonización sólo nos está desafinando. Es evidente que la monarquía española no ha accedido a la petición, inicialmente hecha por nuestro expresidente, porque sospechó que se trataba de un uso del poder simbólico con vistas a legitimar su autoridad política, y que no derivaba de una voluntad sincera de estrechar lazos de amistad. Sobre todo, porque esto ya se había hecho oficialmente, tras consumarse la Independencia, a través del “Tratado definitivo de paz y amistad entre la República Mexicana y Su Majestad Católica”, celebrado en 1836. No obstante, se aduce que la solicitud de disculpas se hace ahora en nombre de los pueblos originarios, pero esto implica que dichos pueblos son esencialmente distinguibles del pueblo mexicano y si nos permitimos tales distinciones, tendríamos que aceptarles a ellos que los Borbones tampoco son los Habsburgo. Sin embargo, diversas encuestas muestran que este año más mexicanos (50%) que en 2021 (40%) están de acuerdo con solicitar dichas disculpas. Ahora deseo que las disculpas lleguen pronto, aunque sea por una graciosa concesión que zanje el asunto, porque temo que, de lo contrario, nos acabará causando una crisis de identidad, ya que, como lo ilustra la celebración del Día de Muertos, los colonizadores no destruyeron el legado prehispánico, sino que conservaron su registro y en buena medida se integraron, configurando lo que actualmente somos los mexicanos. Espolear un resentimiento artificial contra todo lo “no originario” bien podría derivar en una neurosis autodespectiva. No hay más que planteárselo al general Hernán Cortés… pero no al de 1519, sino al general mexicano que el pasado 5 de octubre rindió protesta como nuevo comandante de nuestra Guardia Nacional.

  • HÍBRIDO

Así como el ornitorrinco parece ser una hibridación de castor, pato y nutria, nuestro desfile de Día de Muertos es un sincretismo de los disfraces del Halloween estadunidense, las carrozas y el baile del carnaval de Río de Janeiro y las Catrinas de nuestro Día de Muertos. La celebración se inventó en 2015, a partir del rodaje de la película de James Bond, 007: Spectre, en México.

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