¿Están ahí?
Hace mucho que buscamos otra vida inteligente en el universo. Aunque, seguramente fue imprudente, en cuanto fuimos tecnológicamente capaces, comenzamos a enviar señales hacia el exterior con la esperanza de saber que no estamos solos. Probablemente, el más conocido sea ...
Hace mucho que buscamos otra vida inteligente en el universo. Aunque, seguramente fue imprudente, en cuanto fuimos tecnológicamente capaces, comenzamos a enviar señales hacia el exterior con la esperanza de saber que no estamos solos. Probablemente, el más conocido sea el mensaje de Arecibo de 1974: un número semiprimo transmitido desde un radiotelescopio en Puerto Rico hacia el Gran Cúmulo de Hércules, a 25 mil años luz, en el que se codificó nuestra estructura de ADN, nuestros sexos, la ubicación de la Tierra y del Sistema Solar, entre otros datos. Le siguieron las placas incluidas en el Pioneer 10 y Pioneer 11, una variante de “mensaje dentro de una botella” enviada más allá de los confines del Sistema Solar, con figuras humanas desnudas, y una referencia a la posición del Sol mediante pulsares que alguna civilización avanzada podría descifrar. Más recientemente, volvimos a incluir mensajes en el rover Perseverance enviado a Marte: casi 11 millones de nombres de personas, 155 ensayos e imágenes de la evolución en la Tierra, desde las cianobacterias y los dinosaurios, hasta el Homo sapiens sapiens.
Así que le hemos reiterado al cosmos que aquí estamos, esperando que exista alguien allá afuera que pueda respondernos, pacíficamente, de preferencia. Pero a pocos se les ha ocurrido que quizás sepan de nosotros, pero que no quieran respondernos. En este contexto se inscribe la controvertida teoría del astrofísico de Harvard, Avi Loeb, quien ha propuesto que, debido a sus comportamientos inusuales, el objeto interestelar que se acercará más a la Tierra el próximo 19 de diciembre, denominado 3I/ATLAS, podría no ser un simple cometa o asteroide. Loeb y algunos de sus colegas sostienen que su trayectoria fina, próxima al plano de los planetas, su aceleración no gravitacional y composición inusual, sugieren que podría tratarse de tecnología de observación extraterrestre. Si consideramos seriamente su hipótesis, quizá la respuesta al silencio del universo no sea que “ellos no existen”, sino que no quieren que los veamos.
Esta última alternativa ha cobrado relevancia a partir de una propuesta del físico Melvin Vopson, quien, relacionando la física y la teoría de la información, recientemente llegó a la conclusión de que las leyes de la física parecen ser un código que ejecuta una estructura matemática. Específicamente, propone que la gravedad y las dinámicas de información podrían indicar que nuestro universo opera como un programa informático. Esto se apoya en el argumento del filósofo Nick Bostrom, quién planteó que, si existieran civilizaciones que pudieran crear universos simulados, se podría demostrar estadísticamente que lo más probable es que nosotros estemos en una de ellas.
En otras palabras, primero Bostrom propuso que, dado que el número de simulaciones realistas que una civilización avanzada podría crear sería infinitamente mayor que el número de realidades no simuladas, estadísticamente, es más probable que nos encontremos en una realidad simulada que en una original. Sobre esta base, Vopson descubrió que la gravedad parece comportarse como lo haría una limitación computacional en una realidad simulada, ya que, para mantener la estabilidad de la simulación sin que los límites del sistema sean detectables, es necesario comprimir mucha información, de donde surgiría la fuerza gravitacional, dentro de la realidad simulada. Lo más inquietante es que esta teoría es susceptible de comprobación: bastaría con, por ejemplo, encontrar desviaciones en la gravedad a escalas microscópicas. Si todo lo anterior resultara cierto, significaría que, en realidad, nunca hemos enviado mensajes “allá afuera”.
Ingenuos
Lema inscrito en el Perseverance: “¿Estamos solos? Vinimos aquí a buscar señales de vida, y a recoger muestras de Marte para estudio en la Tierra. A quienes nos sigan, les deseamos un viaje seguro y la alegría del descubrimiento”.
