Espejo de feria

La semana pasada supimos de una supuesta protesta “transespecie” en Alemania, por parte de un grupo de personas que reivindicaban su derecho a identificarse y ser reconocidas, no como humanos, sino como perros. En realidad, se trataba de un encuentro en el marco de un ...

La semana pasada supimos de una supuesta protesta “transespecie” en Alemania, por parte de un grupo de personas que reivindicaban su derecho a identificarse y ser reconocidas, no como humanos, sino como perros. En realidad, se trataba de un encuentro en el marco de un festival BDSM (Bondage/disciplina, dominación/sumisión y sadismo/masoquismo), de practicantes del “puppy play”, un juego sexual en el cual al menos uno de los involucrados asume el rol de un perro, caracterizándose como tal. No obstante, la noticia sirvió de pretexto para interesarnos por la corriente “transespecie”. El término designa a individuos que se identifican con una especie diferente a la biológica. Aún no existen estudios científicos especializados en el tema. Lo más cerca que está la Asociación Estadunidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) de abordar el tema es la “dismorfia”, un trastorno obsesivo que distorsiona la percepción del propio físico, misma que analiza en su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés). Por su parte, la OMS tampoco aborda el tema, de hecho, apenas hace cuatro años eliminó el término transexual como trastorno mental del comportamiento en el Índice de Enfermedades y Condiciones Médicas (DCI, por sus siglas en inglés). Prácticamente, sólo consensuamos en torno a que la definición de “trans” designa a quien hace un tránsito entre algo establecido objetivamente, a algo por establecer subjetivamente, tras experimentar una desconexión entre su cuerpo físico y su estado mental. Hay casos, como el de Tom Peters, un técnico de iluminación británico que dice ser el primer humano “transespecie” del planeta, que en las noches se vuelve un perro dálmata llamado Spot al que alimenta y pasea su “dueña”, quien también es su exesposa. Otros casos famosos han sido el de Nano, una joven sueca que se identifica como gato y que anda a cuatro patas y duerme en cualquier lugar, a cualquier hora; o el de Toco, un youtuber japones de quien se desconoce su rostro humano, porque utiliza un disfraz hiperrealista de border collie. Hay vertientes “transespecie”, como la de los “otherkin”, quienes se identifican con un ser fantástico; y la de los “transhumanos”, como Manel de Aguas y Neil Harbisson, quienes se implantaron en el cráneo dos aletas con conexión Wi-Fi, el primero, y una antena con conexión satelital, el segundo. Por cierto, Neil fue el primer cyborg reconocido por un gobierno, el británico, desde 2004, y fundó la Cyborg Fundation en 2010. Esta fundación fue la base para crear otra asociación, la Transespecies Society, que desde 2017 defiende la libertad de autodiseño. La libertad, los derechos y las obligaciones de los “transespecie”, esas son las cuestiones pendientes. Si los “transhumanos” afirman no ser humanos, ¿qué derechos y obligaciones tienen? Algunos casos pueden ser sencillos, como el de Manel, por ejemplo, quien ha denunciado discriminación porque se le han negado empleos, incluso la entrada a una iglesia; pero otros no tanto, como el de Karen, un exprofesor francés quien, tras cambiar de sexo, se dio cuenta que siempre se había sentido un caballo y ahora exige que el Estado cubra el costo de sus implantes de pezuñas o llevará el caso a los tribunales, alegando discriminación, puesto que los tratamientos de reemplazo hormonal ya los cubre la seguridad social.

  •  

OTHERKIN

Si algún animal tenía más razones para tener una crisis de identidad que el ornitorrinco, sólo podía ser el Ornitorrinco-Godzilla, un recién descubierto fósil que vivió entre cinco y 15 millones de años atrás, del doble del tamaño del ornitorrinco moderno y que sí tenía dientes.

Temas: