Enemigos de lujo

Supongo que los tiempos que vivimos son interesantes, por no decir escalofriantes, para todos, pero seguramente lo son más para los politólogos internacionalistas, particularmente a quienes interese la polarización que están generando las imposiciones del presidente de ...

Supongo que los tiempos que vivimos son interesantes, por no decir escalofriantes, para todos, pero seguramente lo son más para los politólogos internacionalistas, particularmente a quienes interese la polarización que están generando las imposiciones del presidente de Estados Unidos, mismas que están trastocando el orden internacional que su propio país había establecido al final de la Segunda Guerra Mundial. Ante sus desafiantes políticas, surge una duda: ¿cuántos enemigos se podrá dar el lujo de acumular? Cabe aclarar que, a lo largo de la historia, responder incorrectamente a esta pregunta ha significado la catástrofe. Por ejemplo, muchos historiadores consideran que la Operación Barbarroja fue clave para la derrota de Hitler. Su objetivo era invadir a la URSS y apropiarse de sus territorios hasta más allá del Volga para evitar la posibilidad de otro bloqueo de suministros por parte de Gran Bretaña. En lugar de eso, como traicionó el pacto de no agresión Alemania-URSS que, por cierto, también incluía acuerdos económicos, lo que consiguió fue solamente granjearse otro formidable enemigo. Seis meses después, Japón hizo el favor de añadir definitivamente a Estados Unidos al bando de los Aliados, con lo de Pearl Harbor, y Alemania simplemente ya no pudo hacer frente a la Unión Soviética por el este, al mismo tiempo que al Imperio Británico, junto a Estados Unidos, por el oeste. Sin embargo, para el mandatario estadunidense y sus adeptos parece no importar el acumular enemigos (etimológicamente, “enemigo” deriva del latín inimicus, que significa no amigo). Confiando en su incuestionable poderío militar y económico, no les preocupa o quizá hasta se jacten de transformar aliados en enemigos. Resulta ilustrativo que el primer ministro canadiense, Mark Carney, haya dado por terminada la histórica relación de Canadá con EU por considerar que “Washington ya no es un aliado confiable”. Como es sabido, esto se debe a que, además de los aranceles impuestos, Trump ha insistido en convertir al país de la hoja de arce en el estado 51 de la Unión Americana, ante lo cual la Unión Europea, a través del canciller alemán, Olaf Scholz, cerró filas con Canadá y acordaron responder coordinadamente contra los aranceles. Ante esto, Trump dobló la apuesta (como siempre) amenazando con incrementar aún más los aranceles a ambas partes, si colaboran. También amenazó a Ucrania, en caso de que Zelenski se arrepienta del “acuerdo” sobre minerales, y a Putin con imponer aranceles al petróleo ruso, si no admite pactar para terminar la guerra. Por otra parte, Hamás llamó a sus simpatizantes a tomar las armas en cualquier lugar del mundo, ante la ocurrencia del mandatario estadunidense de reubicar a los habitantes de Gaza en países vecinos y así, mientras en Ottawa comenzaba a encender un “antiyanquismo comercial” y el primer ministro de Groenlandia salía a aclarar públicamente que tampoco quieren ser estadunidenses; China, Japón y Corea del Sur aprovecharon para unirse en un acuerdo contra Estados Unidos y sus aranceles. Incluso se han dado a conocer encuestas que muestran un aumento en el descontento de los propios estadunidenses por los despidos y recortes a programas federales, haciendo que crezcan las marchas en protesta, junto con el número de votantes arrepentidos. En respuesta a todo esto, ¿qué ha hecho Trump?: doblar la apuesta, declarando que piensa extender su mandato a un (prohibido) tercer periodo. Al menos teóricamente debe existir un número límite de adversarios soportable.

  • FILOSORRINCO

En el célebre capítulo XIII del Leviatán, Thomas Hobbes escribió lo siguiente: “el más débil tiene bastante fuerza para acabar con el más fuerte, ya sea mediante secretas maquinaciones o confederándose con otro que se halle en el mismo peligro”.

Temas: