Domingo 7
Según el folclor escandinavo, en una ocasión, un grupo de nisses los cuales nosotros identificamos como nomos navideños, se encontraban en un bosque encantado, cantando y bailando una ronda infinita del tipo “un elefante se balanceaba”, que a la letra decía: ...
Según el folclor escandinavo, en una ocasión, un grupo de nisses (los cuales nosotros identificamos como nomos navideños), se encontraban en un bosque encantado, cantando y bailando una ronda infinita (del tipo “un elefante se balanceaba”), que a la letra decía: “Lunes uno, martes dos, miércoles tres, jueves cuatro, viernes cinco, sábado seis…”. Cuenta la leyenda que una joven que los observaba, escondida tras unos arbustos, no pudo resistirse y, llegado el momento, en un arrebato, gritó: “¡Domingo siete!”. Los nomos, ofendidos por la abrupta interrupción, siendo seres mágicos asociados a la fertilidad, castigaron a la joven lanzándole un hechizo que la dejó embarazada. Esta historia popular de origen nórdico, fue difundida en América Latina por los españoles. Aunque la frase “salió con su domingo siete” originalmente fue un eufemismo para designar un embarazo no planeado, desde entonces fue extendiendo su significado hasta convertirse en un símbolo de cualquier consecuencia imprevista.
El domingo pasado participé en una interesante conversación sobre las consecuencias imprevistas de aceptar afirmaciones sin evidencia. La “verdad” es uno de esos conceptos que resultan borrosos y escurridizos sólo cuando intentamos pensarlos, tal como el “tiempo”, del que Agustín de Hipona llegó a decir: “Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé, pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé”. En general, nos conducimos como si supiéramos el significado de la verdad… hasta que queremos definirla. Del tema se han ocupado grandes pensadores, pero con el ánimo de simplificar (demasiado, quizá), podríamos reducir los criterios clásicos de verdad más generalizados a tres: consensus gentium, o consenso universal, que es el criterio que considera que el consentimiento generalizado de las personas en torno a algo es la prueba de su certeza; el criterio pragmatista, que considera que una afirmación es verdadera sólo si produce resultados útiles, y el criterio de adecuación, o verdad semántica, según el cual la verdad es la correspondencia entre lo que se dice que se piensa y la realidad. En la actualidad, no queda más remedio que agregar un cuarto criterio, cada vez más popular: el de la posveracidad. En pocas palabras, este criterio sostiene que los hechos comprobables son menos importantes que el sentimiento, es decir, que algo “se sienta que es cierto”, inmediatamente lo vuelve verdad.
Las consecuencias imprevistas de aceptar afirmaciones sólo porque se sientan o se desee que fueran verdaderas, sin evidencia, más tarde o más temprano, resultarán catastróficas. Cabe notar que sólo el criterio de la adecuación implica congruencia. La congruencia es importante, porque fundamenta la estabilidad; en cambio, un sistema inconsistente, cambiará sus reglas inesperadamente, generando errores acumulativos que, con el tiempo, llevarán al colapso de cualquier sociedad. En otras palabras, la llamada “posverdad” ineluctablemente derivará en la regresión de los derechos civiles y políticos hasta hoy conquistados. Más aún, puede demostrarse que dicha acumulación progresiva de errores sistémicos acabará socavando los derechos humanos, especialmente el derecho a la igualdad y no discriminación (Artículo 7, DUDH), e incluso a la vida y a la libertad (Artículo 3, DUDH). Así que, esperemos, de corazón, que no nos hayan salido con su domingo siete.
KIT
En su libro El mundo y sus demonios, Carl Sagan propuso un “kit de detección de tonterías”. Dicho “botiquín” para revelar falacias se conforma de algunas herramientas como: 1) exigir pruebas y confirmarlas por cuenta propia; 2) desconfiar de los argumentos, particularmente si vienen de una autoridad; 3) verificar las afirmaciones, sobre todo las que más nos agradan; 4) someter las ideas a debate abierto; 5) nunca casarse con la primera explicación, y 6) cuestionar hasta lo aparentemente obvio, entre otras.
