Discusión pelagiana

En la década del 380 siglo IV, un monje britano comenzó a popularizar una doctrina que eventualmente incitó el descontento y auspició una célebre discusión en el seno de la Iglesia católica. El quid del asunto era la doctrina del pecado original, ya que, para poder ...

En la década del 380 (siglo IV), un monje britano comenzó a popularizar una doctrina que eventualmente incitó el descontento y auspició una célebre discusión en el seno de la Iglesia católica. El quid del asunto era la doctrina del pecado original, ya que, para poder sostener su creencia en la bondad inherente al ser humano, Pelagio, el citado monje, argumentaba que el pecado cometido por Adán lo había afectado sólo a él. Para su infortunio, la contraparte en tal discusión fue abanderada por Agustín de Hipona (san Agustín), quien en favor de la Iglesia argumentó que Adán sí le transmitió la culpa a toda la humanidad y, por lo tanto, la función del bautismo, a saber, limpiarnos de culpa, seguía estando justificada. Huelga decir que Pelagio acabó siendo acusado de herejía por la Iglesia y condenado tres veces (Concilio de Cartago –418–, de Éfeso –431– y Orange –529–), a pesar de haber muerto alrededor del 420.

El tema resulta hoy interesante, porque de alguna manera puede aplicarse a la actualidad. Por ejemplo, si se está del lado de san Agustín, se podría estar de acuerdo en que la culpa de lo que hizo Hernán Cortés, entre 1519 y 1521, la heredaron, generación tras generación, todos los españoles, llegando hasta los contemporáneos, quienes, en consecuencia, estarían facultados para pedirnos disculpas a los mexicanos por aquellos hechos. Aunque también habría que ignorar el Tratado Santa María-Calatrava, en el cual, según el Artículo II, queda constancia de que desde 1836 ya habíamos acordado un “total olvido de lo pasado, y una amnistía general y completa para todos los mexicanos y españoles”, pero ésa es otra historia.

El caso es que, recientemente, aseguró un medio español que la escritora Gutiérrez Müller habitará en Madrid, particularmente en un barrio muy exclusivo llamado La Moraleja, y que su hijo estudiará derecho en la reputada Universidad Complutense.

El asunto ha llamado la atención, porque, como es bien sabido, en 2019, ella respaldó públicamente en redes sociales la exigencia a España de ofrecernos disculpas históricas, por parte de su esposo, quien, por cierto, también llegó a declarar que estudiar en el extranjero obedece a una mentalidad elitista, clasista y racista y que quienes estudian en el extranjero “aprenden malas mañas”, pero ésa también es otra historia.

Ayer, sin embargo, la escritora dio un mentís a las afirmaciones de la prensa, a través de una carta publicada en sus redes sociales, aunque sólo en cuanto a que se haya mudado. En lo referente al trascendido de que desde mayo pasado solicitó la nacionalidad española a través de la Embajada Nacional de España en nuestro país, bajo el amparo de la Ley de Memoria Democrática, no menciona nada en su publicación. También salió en su apoyo la presidenta nacional de Morena, quien aclaró: “ella es libre de hacer lo que quiera”, lo cual debe matizarse, porque ciertamente cualquiera es libre de hacer lo que quiera, mientras sea lícito, si no sería un delito y, por otra parte, alguien que es infiel, por ejemplo, también está haciendo libremente lo que quiere y aunque no es ilegal, sí es inmoral.

En cualquier caso, de ser cierta la afirmación de marras, estaría ante una oportunidad sin precedentes, ya que, de llegar a conseguir la nacionalidad española, la escritora podría disculparse con los mexicanos, en descargo de España y de su rey, a quien previamente habría jurado lealtad, para así zanjar de una vez por todas su propia exigencia.

  • MORALEJA

La raíz de palabra moraleja es “moral” (del latín moris-costumbre) y alude a una enseñanza que se deduce de un suceso narrado.

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