Debate o debacle
Desde mi punto de vista, quien más se condujo con aire de primera mandataria, durante el debate presidencial 2024, fue Claudia Sheinbaum. Si ése es el baremo de calificación, mi opinión es que ella ganó. En buena medida, a este resultado contribuyó que el candidato ...
Desde mi punto de vista, quien más se condujo con aire de primera mandataria, durante el debate presidencial 2024, fue Claudia Sheinbaum. Si ése es el baremo de calificación, mi opinión es que ella ganó. En buena medida, a este resultado contribuyó que el candidato Jorge Álvarez Máynez pareciera haber estado demasiado ansioso por parecer simpático desde su primera presentación, buscando vincular su imagen con los intereses de la niñez, y en su segunda (y tardía) presentación, mostrándonos una cercanía con las personas en situación de discapacidad auditiva, a quienes, anécdota curiosa, al parecer temió nombrar correctamente como personas sordas, viéndose orillado solamente a decir que así le enseñaron a decir su nombre en lenguaje de señas: “las personas”. También mantuvo una sonrisa acartonada la mayor parte del debate e intentó granjearse la simpatía de las mujeres, diciendo que se sentía profundamente orgulloso de que sus competidoras hubieran llegado a donde están, pero a todas estas intervenciones les faltó algo: naturalidad. Por su parte, la candidata Xóchitl Gálvez fue víctima de un nerviosismo que algunos no esperábamos en un debate, sobre todo por haber sido senadora de la República poco más de cinco años. Sin embargo, es de destacar que dejó claro que considera que el talón de Aquiles de su principal contrincante es justamente en lo que el bloque oficialista basa su fortaleza: el discurso del resentimiento contra el pasado. En ambas introducciones, tanto de Claudia como de Xóchitl, surgió la polarización: para invocarla, la primera, y para conjurarla, la segunda. La candidata oficialista lo hizo adelantando que escucharíamos sólo dos proyectos: uno bueno, progresista, y otro malo, del pasado (esto, ante la impasividad del candidato de Movimiento Ciudadano). Por su parte, la candidata del bloque opositor arrancó diciendo que se tienen que acabar la división y el odio. Habría que estar de acuerdo en que, a estas alturas, la estrategia de la amenaza del presunto regreso al pasado ya debería estar agotada, sobre todo porque quienes la usan están por ingresar oficialmente al pasado (si no es que ya lo hicieron). Es decir, hay asuntos urgentes que ya no son atribuibles a quienes dejaron de gobernar hace seis años. El ejemplo más claro es el de la salud pública. Como vimos, Claudia Sheinbaum mostró un gráfico que ilustraba que sólo el 47% de los beneficiarios del desaparecido Seguro Popular se sentía satisfecho y que, en cambio, el 57% de afiliados al IMSS-Bienestar lo están ahora, según datos del Inegi. Pero, de acuerdo con datos de la página oficial del gobierno de México, en diciembre de 2018 había 53.5 millones de personas afiliadas al Seguro Popular; a finales de 2022, sólo 21.8 millones de personas eran atendidas bajo el modelo IMSS-Bienestar, y en 2024 todavía no se consigue alcanzar siquiera la cifra de 2018, pues se atiende a 53.2 millones de personas de los 65.6 millones que ahora hay sin seguridad social. Quizá por todo lo anterior hubo quien me dijo (en sorna) que ver el debate le cambio su intención de voto… o, mejor dicho: su intención de votar. Los siguientes debates sólo serán más motivadores si los protagonistas mejoran su desempeño, y el primer paso para mejorar siempre es reconocer los errores que podemos corregir.
DELIBERADO
El ornitorrinco prescinde deliberadamente del sentido de la vista y del oído cuando caza, ya que los ojos y las orejas se encuentran en un surco situado justo detrás del hocico, mismo que cierra al sumergirse para dar preferencia al sentido de electrorrecepción en la ubicación de sus presas en aguas turbias.
