Cruzar el Rubicón

Esta frase es una metáfora sobre tomar una decisión irrevocable. Está inspirada en la historia de Julio César, quien, en el año 49 a. n .e., siendo ya un líder muy popular, pero aún gobernador provincial de las Galias solamente, se detuvo en el extremo norte de un ...

Esta frase es una metáfora sobre tomar una decisión irrevocable. Está inspirada en la historia de Julio César, quien, en el año 49 a. n .e., siendo ya un líder muy popular, pero aún gobernador provincial de las Galias solamente, se detuvo en el extremo norte de un puente que cruzaba el río Rubicón, la frontera de entrada a Italia, a meditar si debía cruzarlo. La cuestión era que la ley romana prohibía expresamente que un gobernador provincial atravesara dicha frontera al frente de sus tropas. Esencialmente, estaba decidiendo si obedecer la ley o no. Se cuenta que de pronto dijo: “La suerte está echada” y lo cruzó. Ese hecho inició una guerra civil de cinco años y marcó el principio del fin de la República romana. El dos de junio puede que los mexicanos nos detengamos en una especie de puente del Rubicón simbólico a decidir si lo cruzamos. En el discurso del pasado domingo, el orador en la Marcha por nuestra democracia, Lorenzo Córdova, mencionó hasta en trece ocasiones la palabra “instituciones”. Y es que de eso se trataba la marcha, de defender la democracia institucionalizada. Etimológicamente, institución viene del latín in, que denota “penetración”, y statuere, que significa “estacionar”. Para mayor claridad, proviene de la raíz indoeuropea esta, que significa “permanecer”. ¿Qué es, pues, eso que queremos que permanezca en lo institucionalizado? Muchas cosas: el Estado y sus principios fundacionales, como el de igualdad consagrado en la Constitución, la ley y los reglamentos, y los organismos, como el INE y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que defienden nuestro voto y a nosotros de posibles abusos de la autoridad, entre otros. A lo largo de varios años hemos llegado a la conclusión de que hay cosas que no queremos que cambien tan pronto como mudamos de Presidencia o, por capricho de un nuevo partido político en boga, aunque tenga por reclamo que representa a un supuesto “pueblo verdadero”. Lo que en la marcha se manifestó fue que podríamos querer mejorar las instituciones hacia el futuro, pero que hoy no queremos que sean desmanteladas, devolviéndonos automáticamente al statu quo de hace 30 años. Lamentablemente, tanto el Presidente como la candidata oficial recurrieron (otra vez) a su socorrida falacia ad hominem, o sea, no a refutar o aceptar los argumentos, sino a desacreditar a sus adversarios que, inquietantemente, resultan ser los demócratas. Ayer, el primero sostuvo, sin probarlo, que quienes marcharon sólo querían democracia para minorías, y la segunda los tildó de hipócritas. Esto hace inferir que el llamado “Plan C”, o sea: el “carro completo”, debería horrorizar a cualquier demócrata. Independientemente de con quién se simpatice, un verdadero demócrata no cree que se pueda gobernar sin necesidad siquiera de tener en cuenta la voz de quienes piensan diferente, porque, en palabras de Thomas Jefferson: “La experiencia demuestra que, incluso bajo las mejores formas de gobierno, aquellos a quienes se confía todo el poder, sin prisa, pero sin pausa, las pervierten en tiranía”. La suerte aún no está echada. Ya veremos si todavía queda algo que aprender de Julio César, quien también le dio todo el poder que pudo a su protegido, Marco Junio Bruto, mismo que se lo agradeció, como se sabe, apuñalándolo.

  • PERSPECTIVA

Antes de que se creara la primera página web del mundo (1991), se ejecutó un proyecto llamado Ornitorrinco en el que se controlaron exitosamente dos robots a distancia vía telefónica, uno en Río de Janeiro y el otro en Chicago, en 1990. Ese mismo año se creaba en México el IFE, ahora INE (2014).

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