Las Islas Canarias obtuvieron su nombre no por el pájaro canario (Serinus canaria), sino al revés: el pájaro obtuvo su nombre de las islas. Curiosamente, el nombre del archipiélago español del Atlántico ni siquiera tenía que ver con un ave, sino con perros. Según la explicación más extendida, y aceptada por historiadores, las Canariae Insulae, o “islas de los perros”, fueron nombradas así por los romanos, quienes habrían avistado ahí perros tan grandes que acabaron por reputar al territorio.
Igual que el nombre de la comunidad autónoma española, y de las aves, existió una corriente filosófica que también obtuvo su nombre de los perros. Los cínicos, cuyo nombre, del griego kynikós, significa literalmente “perruno”. Esta forma de referirse a ellos tenía que ver en buena medida con que la sociedad ateniense consideraba que los seguidores de esta línea de pensamiento vivían como perros: sin posesiones, sin someterse a convenciones sociales y sin sentir vergüenza por ello. Tanto fue así que adoptaron alegremente el apelativo con el que habían pretendido insultarlos. Con el tiempo, esta palabra sufrió un acotamiento semántico, haciendo alusión exclusivamente a la desfachatez de quien miente o se comporta hipócritamente, y ya no a los verdaderos principios de los seguidores de Antístenes, el fundador (discípulo nada menos que de Sócrates, por cierto), los cuales incluían el rechazo del poder, la crítica social y la vida austera y virtuosa, como objetivo primordial.
Ayer trascendió que, a raíz del bombardeo que fuerzas de Estados Unidos e Israel realizaron contra Irán el sábado pasado, el presidente ruso expresó su respaldo político a Teherán, y calificó la operación como “una violación cínica de la moral y del derecho internacional”. Lo fácil sería señalar que lo cínico es que haga esta declaración la misma persona que ordenó, hace cuatro años, una invasión contra la integridad territorial e independencia política de otro Estado, a saber, la de Ucrania. Pero, más interesante todavía es recordar que Rusia retiró su firma del Estatuto de Roma en 2016. Dicho estatuto es el tratado internacional que creó la Corte Penal Internacional (CPI), con competencia para juzgar a individuos por crímenes como genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y de agresión. Fue adoptado en 1998, entró en vigor en 2002 y se considera el pilar del derecho penal internacional moderno. ¿Podría adivinar el lector qué otras grandes potencias militares tampoco son parte de dicho estatuto? Si, además de Rusia, entre su respuesta están Estados Unidos e Israel, acertó.
El presidente ruso tiene una orden de arresto emitida por la CPI desde 2023, por un presunto crimen de guerra por deportación ilegal de niños ucranianos. El primer ministro israelí, junto con su exministro de Defensa, tiene otra desde 2024, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad, cometidos durante la guerra en Gaza, que incluyen el uso del hambre como método de guerra. Por su parte, sobre el presidente estadunidense no pesa ninguna acusación internacional, pero llama la atención que habiendo ordenado bombardeos en Siria (2017 y 2018), la muerte selectiva de un general iraní (2020), bombardeos a instalaciones nucleares en Irán, contra ISIS en Somalia y hutíes en Yemen (2025), ataques militares a Venezuela, además del más reciente a Irán (2026), haya sido nominado al Premio Nobel de la Paz en 2020, 2025 y 2026. De hecho, recibió simbólicamente la medalla Nobel que la líder venezolana María Corina Machado le obsequió, y es el primer ganador del Premio de la Paz de la FIFA (2025).
Diógenes de SInope
El cínico más célebre de la antigüedad era todo menos hipócrita. Solía decir: “Los otros perros muerden a sus enemigos; yo muerdo a mis amigos para salvarlos”.
