Capibara

Cuenta la mitología griega que el titán Prometeo, cuyo nombre significa “el que piensa antes” de actuar, le robó a Zeus el fuego para dárselo a la humanidad. En venganza, el soberano de los dioses del Olimpo envió a la bella Pandora, junto con una caja de regalo, a ...

Cuenta la mitología griega que el titán Prometeo, cuyo nombre significa “el que piensa antes” (de actuar), le robó a Zeus el fuego para dárselo a la humanidad. En venganza, el soberano de los dioses del Olimpo envió a la bella Pandora, junto con una caja de regalo, a la casa de su hermano, Epimeteo, cuyo nombre significa “el que piensa después”. Este conocido mito asegura que, con sólo abrir un poco la caja, de ella salieron: enfermedades, pobreza, guerras, dolores, vicios y maldiciones que aquejarían desde entonces a la humanidad. De acuerdo con el Índice de Paz Global, que elabora anualmente el Institute for Economics & Peace, actualmente hay 56 guerras en el mundo, la mayor cantidad registrada de conflictos activos desde la Segunda Guerra Mundial. Los datos de la OMS señalan que cada vez surgen más enfermedades epidémicas y pandémicas: covid, viruela del mono, hepatitis misteriosa, Klebsiella oxytoca, entre otras. La última actualización del Índice de Pobreza Multidimensional, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señala que hay en el mundo 1,100 millones de personas que viven en pobreza extrema. La organización Amnistía Internacional asegura, en su informe anual 2024, que hoy es más probable que nunca el colapso del Estado de derecho ante la “sobrecarga” de violaciones de derechos humanos. Por si fuera poco, recientemente supimos que se están perdiendo un número récord de especies por unidad de tiempo, debido al cambio climático y la contaminación planetaria. Pero del mito de Pandora también es conocido que, tras cerrar rápidamente la caja, dentro quedó Elpis, el espíritu de la esperanza, que es lo que inspiró el refrán: “la esperanza es lo último que se pierde”. Hace poco, mi hijo me dijo que ante este panorama estaba perdiendo la esperanza en la humanidad. Le respondí que yo había pasado por algo semejante en 2007, mientras viajaba en autobús, pero que ese mismo día, al llegar a casa y abrir la puerta, él me recibió con una sonrisa emocionada y cuando me dijo con admirable inocencia infantil: “hola”, me regresó para siempre la fe en nuestra especie. Desde entonces me esfuerzo en difundir un optimismo antropológico. Creo, junto con Gandhi, que el mundo reposa sobre la fuerza del amor, no de las armas, y que las guerras sólo son acontecimientos que interrumpen el despliegue de dicha fuerza. Algunas pruebas son la célebre Tregua por Navidad de la Primera Guerra Mundial, que se coronó con un partido de futbol entre “enemigos” alemanes e ingleses y los estudios sobre la Segunda Guerra Mundial, que demostraron que la mayoría de los soldados no disparan al enemigo, pues tienen una resistencia innata a asesinar. También me inspiran los experimentos de Michael Tomasello, que revelaron que nacemos naturalmente inclinados hacia el altruismo, la cooperación, la gentileza y la generosidad, o el estudio longitudinal publicado en 2020 por investigadores de la Universidad de Berkeley, que encontró evidencia de que los egoístas no son los que triunfan, como suele creerse; sino las personas bondadosas. Y es que no se puede ser “demasiado” bueno, como lo demuestra el capibara, del que podemos aprender. Este animal, considerado el más amistoso del mundo, evitó su extinción con una estrategia adaptativa bondadosa: siendo sociable con el ser humano, pájaros, monos, patos, tortugas y hasta cocodrilos.  Nunca se es demasiado capibara.

CÁNDIDO

Al igual que el ornitorrinco, el capibara desarrolló patas palmeadas que lo hacen un excelente nadador. La ciencia aún no sabe explicar por qué es tan bien recibido por diversas especies salvajes, pero es tan amigable que ayuda a otros animales a cruzar cuerpos de agua, montados en él.

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