Baldazo
Decir que algo nos ha caído como baldazo de agua fría significa que el hecho representó una sorpresa desagradable que nos ha desilusionado. En el caso de la eliminación del Tricolor de la Copa América, el sentimiento se puede equiparar al de una traición amorosa, ...
Decir que algo nos ha caído como baldazo de agua fría significa que el hecho representó una sorpresa desagradable que nos ha desilusionado. En el caso de la eliminación del Tricolor de la Copa América, el sentimiento se puede equiparar al de una traición amorosa, porque, según una investigación de la Universidad de Coímbra, Portugal, los circuitos cerebrales que se activan en los amantes del futbol son los mismos que en los románticos durante la etapa del enamoramiento e, incluso, encontraron casos en los que la actividad de la amígdala cerebral, que es donde se regulan las emociones, llegó a ser más intensa en los futboleros que en los enamorados. Tras preguntar a personas que saben de futbol (mucho más que yo) qué es lo que consideran que está mal con el nuestro, reuní este listado de motivos: los salarios incongruentes que paga la industria mexicana de futbol (está entre las 10 del mundo que mejor pagan, pero no dentro de las 10 mejores); la existencia de incentivos perversos para ganar dinero por compra y venta de jugadores, en vez de hacerlo por ganar campeonatos; una cantidad desproporcionada de extranjeros; la estructura de torneos cortos, sin ascenso ni descenso que favorezcan la generación de canteranos; la falta de autoestima y de cooperación entre los jugadores, y hasta una franca carencia de talento. Pero, de todas las explicaciones que me dieron, hubo una que llamó especialmente mi atención: las expectativas incoherentes sobre nuestra Selección Nacional. Según este argumento, algunas grandes corporaciones son, en cierta medida, responsables de que tengamos una fe desmedida en la potencia de nuestro representativo, misma que promueven a través de campañas de marketing dedicadas a inflar, tanto a los jugadores como el alcance real de nuestro combinado. A esto contribuye que, en el ranking de la FIFA, de entre 210 representativos, estemos mejor clasificados (15°) que la tetracampeona selección de Alemania (16°). Bien visto, nosotros, a pesar de haber participado en 17 de las 22 Copas del Mundo, sólo hemos pasado de los octavos de final cuando fuimos anfitriones por segunda ocasión en 1986. No fue sino hasta la edición de 1994 que conseguimos pasar de la Fase de Grupos, estando en el extranjero, lo cual pudimos repetir seis veces, hasta llegar a Qatar 2022, donde tuvimos un desempeño relativo equiparable al de hace 62 años en el Mundial de Chile 1962, en el que terminamos 11° de 16 combinados. Si lo analizamos, vemos que en tres copas mundiales hemos quedado en último lugar: Uruguay 1930, Suecia 1958 y Argentina 1978, y penúltimos en Brasil 1950. Después de México 1986, el mejor rendimiento lo tuvimos en la copa de Brasil 2014, cuando quedamos en 10° lugar de 32 países participantes, pero a partir de ahí venimos cayendo en picada. En toda nuestra historia mundialista, nunca había empeorado nuestro desempeño durante dos copas consecutivas, hasta Rusia 2018, donde caímos a 12° de 32 y en Qatar 2022, donde fuimos la 22° de 32 selecciones. En la Copa América, la tendencia es parecida: llegamos a cuatro semifinales durante nuestras primeras cinco participaciones, pero desde 2011, de cuatro oportunidades, sólo avanzamos en una a Fase de Grupos, para recibir la segunda peor goleada de nuestra historia (la primera fue contra Inglaterra, 8 a 0, en 1961). Nada como un baldazo de agua fría para despertar, porque para mejorar, primero hay que sentir la necesidad de hacerlo.
- FRÍO
Los primeros investigadores aseguraban que los ornitorrincos no autorregulaban su temperatura, sin embargo, esta creencia se desvaneció tras descubrir que pasaban hasta 12 horas en aguas a cuatro grados centígrados.
