Aguacalipsis (II)
Más del 80% del territorio nacional se encuentra en crisis hídrica, particularmente el norte, noroeste y centro. El Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México OCAVM estimaba que todo el Sistema Cutzamala alcanzaría el “Día Cero”, fecha en que será imposible ...
Más del 80% del territorio nacional se encuentra en crisis hídrica, particularmente el norte, noroeste y centro. El Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México (OCAVM) estimaba que todo el Sistema Cutzamala alcanzaría el “Día Cero”, fecha en que será imposible abastecer de agua a la población del Valle, el 24 de agosto de 2024. Pero parece que es peor: según cálculos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en realidad quedan sólo 145 días. La Conagua estima que, si la próxima temporada de lluvias no nos salva, la falta de agua en las presas que conforman el Sistema Cutzamala (Tuxpan y El Bosque en Michoacán; Colorines, Ixtapan del Oro, Valle de Bravo, Villa Victoria y Chilsedo, en el Estado de México) colapsarán el 26 de junio, haciendo que las dos líneas del acueducto dejen de operar. Llegamos a esta situación, en primer lugar, porque hace décadas que debimos de haber implementado acciones de manejo sustentable del agua y no lo hicimos, y porque el año pasado fue el más caluroso de la historia reciente a nivel mundial, lo que generó una sequía extrema que ameritaba una declaratoria de emergencia y de desastre natural por parte de la Conagua y de la Secretaría de Gobernación, pero que tampoco hicieron. Es muy probable que en el 2024 registremos temperaturas todavía más altas, según el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM. De confirmarse, los capitalinos serán los primeros en pagar las consecuencias de que el gobierno haya eliminado el Fondo Nacional de Desastres (Fonden), que era el instrumento financiero ideal para atender emergencias como ésta, sin dejar claro cómo o por qué se sustituyó, porque, a estas alturas, ya sólo queda reaccionar para tratar de salvar el inminente empeoramiento de la sequía, para lo cual se requieren fondos: hace falta rehabilitar todo el sistema (la tercera línea del Cutzamala lleva una década en construcción y su inauguración, un lustro de retraso), implementar sistemas de medición y sectorización, urge encontrar fuentes alternativas de abastecimiento, sanear y potabilizar el agua que hay en las presas en desuso, recuperar áreas de recarga, captar el agua de lluvia en zonas urbanas (se precipita sobre el Valle de México 3 veces la cantidad que consume al año, pero el 70% se evapora y el 20% se anega en la ciudad), tratar las aguas residuales urbanas antes de descargarlas en las presas o incluso empezar a considerar programas de sustitución de retretes por baños secos, etcétera. El problema es que, hasta hoy, el agua no se ha considerado un tema de seguridad nacional e incluso se le ha recortado el presupuesto al sector para redirigirlo, por ejemplo, al Tren Maya, que ha recibido más presupuesto que el sector hídrico en los últimos cinco años y cuya construcción, por cierto, ya está generado estrés hídrico en el sureste, contaminación del manto acuífero en los sistemas de cuevas y cenotes, y cortes en el suministro por perforaciones. Ante esta situación, varios expertos sospechan que no se ha declarado aún la emergencia por desastre natural a nivel nacional por razones político-electorales. Atiza esta suspicacia que, por ejemplo, el gobierno de la Ciudad de México haya decidido dotar de agua por tandeo a colonias de 6 alcaldías de oposición, mientras que anunció condonaciones al pago por los derechos de suministro de agua en 73 colonias gobernadas por Morena.
PLANIFICAR
En Australia, los ornitorrincos cuentan con planes de respuesta de emergencia para rescatarlos de áreas afectadas por sequías para reubicarlos en entornos propicios para su conservación...
