Aglao Psifodio

En estos días, y probablemente durante las próximas semanas, nos felicitaremos unos a otros, es decir, nos desearemos felicidad, ventura y dicha con el pretexto de haber iniciado un nuevo ciclo sidéreo. Pero ¿sabemos bien qué es lo que deseamos para nosotros y para ...

En estos días, y probablemente durante las próximas semanas, nos felicitaremos unos a otros, es decir, nos desearemos felicidad, ventura y dicha con el pretexto de haber iniciado un nuevo ciclo sidéreo. Pero ¿sabemos bien qué es lo que deseamos para nosotros y para quienes queremos que sean felices? Se cuenta que, en una ocasión, el oráculo de Delfos fue consultado por el rey Giges, quien pretendía confirmarse como el hombre más feliz de la tierra; sin embargo, el dios Apolo, a través de su pitonisa, le respondió que el hombre más feliz no era él, sino un tal Aglao Psifodio que vivía en Arcadia. Hasta ese momento, nadie había oído hablar de él, así que Giges envió mensajeros a buscarlo para que le informaran cómo es que había conseguido ser más feliz que el mismo rey de Lidia. El mensajero que logró encontrar a Aglao quedó perplejo cuando vio que se trataba de un hombre mayor y no de uno joven, como era de esperarse, aunque, eso sí, uno que gozaba de muy buena salud. Su hogar era una propiedad muy modesta y contaba con los bienes apenas justos para vivir, pero se alegraba de compartirlos hospitalariamente con los visitantes. Dos siglos más tarde, Sócrates ya enseñaba que el secreto de la felicidad no se encontraba en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad para disfrutar con menos; y más de veinticinco siglos después (el año pasado), la Universidad de Harvard acaba de llegar a otra conclusión implícita a través de su Estudio sobre Desarrollo Adulto, que comenzó en 1938: las personas que tienen relaciones humanas más cálidas son más sanas y felices. Aglao se nos adelantó varios siglos y descubrió la fórmula para ser feliz. Pero el hecho de que la felicidad haya sido tema de reflexión desde los filósofos en la antigüedad, hasta los científicos en la era moderna, nos ha llevado a otro valioso descubrimiento: la felicidad no es un estado permanente. Como dice el periodista Andrés Oppenheimer en su reciente libro ¡Cómo salir del pozo!: “La satisfacción de vida es un estado mental más permanente; la felicidad suele reflejar una euforia pasajera”. Esto cobra inusitada relevancia, dado que pretender ser constantemente feliz, paradójicamente, está generando infelicidad. Creer que tenemos que estar permanentemente alegres genera frustración porque conduce a tratar de negar otras emociones fundamentales, como la tristeza, que, según la psicología, es un estado emocional útil, ya que hace descender la actividad de nuestro organismo entero y nos permite una pausa necesaria para poder replantear nuestros objetivos y renovar nuestra motivación. En la opinión del que escribe, ésa es precisamente la moraleja de aquella icónica película de 2015 llamada Intensamente (Inside Out). Así que, cuando por estas fechas prodiguemos y recibamos felicitaciones, conviene ser conscientes de que lo que se debe desear es que alcancemos un estado de armonía con nosotros mismos, con los demás, con el medio y, muy especialmente, con nuestras emociones. Aunque sea más que probable que nuestro destino no esté exento de reveses y vengan momentos de tristeza, nuestro mejor escenario será pasarlos al cobijo de relaciones humanas cariñosas que, según queda probado, están estrechamente relacionadas con la buena salud y ambas cosas con la felicidad. En otras palabras, todo se podría reducir a desearnos tener amorosa compañía, en las buenas y en las malas, durante este 2024. Eso es lo importante.

ELUSIVO

Aunque ahora sabemos que existen fósiles de hace 61 millones de años de un pariente cercano al ornitorrinco, este año se cumplen apenas 226 años de haber descubierto al primer espécimen vivo.

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