Admitir dimitir
El día de la inauguración del noveno Mundial Femenino de Futbol oficial, porque hubo dos anteriores que la FIFA no reconoce: Italia 1970 y México 1971 se vio empañado por un tiroteo en Nueva Zelanda, en el que murieron tres personas, perpetrado por un joven que ...
El día de la inauguración del noveno Mundial Femenino de Futbol (oficial, porque hubo dos anteriores que la FIFA no reconoce: Italia 1970 y México 1971) se vio empañado por un tiroteo en Nueva Zelanda, en el que murieron tres personas, perpetrado por un joven que había sido condenado a detención domiciliaria por diversos delitos, entre los que figuraban, paradójicamente, el de violencia doméstica y agresiones a una mujer.
Un mes después, el 20 de agosto, se jugó la final del que fue el primer mundial femenino celebrado en dos países y coordinado por dos confederaciones, ya que en 2006 Australia dejó la Confederación de Futbol de Oceanía, a la cual pertenecía, junto con Nueva Zelanda, y optó por afiliarse a la Confederación Asiática de Futbol.
En esta edición, por primera vez, participaron 32 selecciones (el primer Mundial contó con 12 países, en China 1991), y la final entre España e Inglaterra se saldó con el triunfo de las primeras, quienes destronaron a las máximas campeonas, las estadunidenses (tetracampeonas), que venían de ganar consecutivamente las dos ediciones anteriores (Canadá 2015 y Francia 2019).
El triunfo se firmó con un solo gol(azo), el de la jugadora Olga Carmona, cuyo padre había fallecido hacía menos de 48 horas, pero cuya noticia fue deliberadamente reservada por la madre y el hermano de la jugadora, para no afectar su desempeño, hasta que terminó el partido.
Pero todos estos hechos quedaron eclipsados por el “beso sorpresa” que le dio el presidente de la Real Federación Española de Futbol (RFEF), Luis Rubiales, a la centrocampista de España, Jennifer Hermoso, durante la entrega de medallas. En sus primeras declaraciones, la centrocampista sostuvo que se había sentido desconcertada, que no le había gustado ni consentido el beso.
Por su parte, el viernes pasado, en un vehemente discurso que quedará en la memoria por repetir cinco veces “No voy a dimitir”, Rubiales aseguró que, en respuesta a su pregunta expresa, la jugadora le permitió besarla y en su propio descargo contó que ella había sido quien se le había acercado y cargado.
No me compete determinar la culpabilidad o inocencia de nadie, pero tengo que decir que la RFEF ha presentado una de las defensas más torpes que he visto, al publicar una secuencia de cuatro fotografías acompañadas de sendas narraciones con las que, ignorando tanto la mecánica corporal como la física elemental, pretenden probar que es la jugadora quien carga al presidente y no éste quien se cuelga de ella. Para su infortunio, el fin de semana se publicó un video en el que se evidencia que él se impulsa sobre ella, quien apenas lo sostiene.
Para colmo, a Rubiales se le ocurrió declararse víctima de un linchamiento mediático promovido por el “falso feminismo”, en el mismo discurso en el que llama a los hombres a huir de complejos y se disculpa por haber festejado el triunfo tocándose los genitales. Al momento que escribo esto se están multiplicando las reacciones de solidaridad por parte de deportistas de ambos sexos, ya las 23 campeonas y más futbolistas han renunciado a jugar con las selecciones españolas mientras se mantenga como presidente, la FIFA lo ha suspendido provisionalmente, el gobierno español ha iniciado un proceso para suspenderlo y la Fiscalía de España acaba de iniciar una investigación preliminar en su contra por “abuso sexual”.
MATILDA
En el zoológico Taronga, de Australia, se puede visitar a Matilda, una ornitorrinco rescatada a la que bautizaron así en honor a la selección que alcanzó el cuarto lugar en el mundial femenino, la australiana, también conocidas como “Las Matildas”, nombre que significa: audaz guerrera.
