De la Sich de Zaporizhia al frente actual: el heroísmo de nuestras defensoras y defensores

Serhii Pohoreltsev
Café de Kyiv
El 1 de octubre guarda una resonancia espiritual, histórica y cívica de singular profundidad en el alma de nuestro pueblo. Bajo la antiquísima solemnidad de Pokrova, el Manto Protector de la Madre de Dios, Ucrania conmemora de manera indivisible el Día de los Cosacos y el Día de los Defensores y Defensoras. En este Café de Kyiv, deseo convocar a una reflexión sobre la estirpe de una nación cuya vocación de soberanía no es un capricho contemporáneo, sino una corriente civilizatoria que fluye desde hace siglos por las aguas indómitas del río Dnipró, encarnada hoy en una generación admirable de mujeres y hombres que sostienen la libertad frente a la agresión imperialista.
Para comprender la raíz ética de nuestra resistencia, es indispensable adentrarse en la cosmovisión de la caballería cosaca y su devoción fundacional hacia la Pokrova. Para los cosacos de la Sich de Zaporiyia, este culto trascendía el dogma litúrgico convencional, era la consagración de un pacto existencial con la justicia y el amparo celestial. El corazón espiritual de cada fortaleza cosaca fue invariablemente un templo dedicado al Manto Protector; en sus estandartes de batalla brillaba su imagen y era precisamente en esta fecha cuando la asamblea democrática celebraba su consejo supremo para elegir o renovar al koshovyi otaman, recordando que la autoridad terrenal emana de la comunidad y debe responder a principios morales superiores.
Esta mística única dio origen, en el esplendor del barroco ucraniano de los siglos XVII y XVIII, a una manifestación iconográfica fascinante: la célebre Kozatska Pokrova. A diferencia de los cánones imperiales de la época, que utilizaban el arte sacro para entronizar dinastías absolutistas, estas tablas muestran a la Madre de Dios desplegando su omofor (velo protector) no sobre una corte cerrada de monarcas, sino sobre una hermandad de ciudadanos libres: hetmanes, oficiales, cronistas y guerreros de a pie cobijados bajo un mismo manto de igualdad y amparo fraterno. La Sich fue, en los hechos, una república militar precursora de las libertades cívicas en Europa del Este, un refugio donde ningún poder autocrático lograba doblegar la autonomía individual. Ese linaje de dignidad indoblegable, forjado en la estepa a contracorriente de las tiranías euroasiáticas, es exactamente la misma savia moral que hoy nutre a nuestras Fuerzas Armadas.
En esta conmemoración, es un deber de justicia histórica visibilizar una dimensión fundamental de nuestra defensa contemporánea: el papel protagónico, valiente e irreemplazable de las mujeres ucranianas. En Ucrania, la soberanía se defiende en plural y con perspectiva de género: defensoras y defensores. Decenas de miles de mujeres visten con honor el uniforme en la primera línea del frente, operan con destreza sistemas de artillería y tecnología de drones de alta precisión, lideran unidades de combate, realizan rescates médicos en ambulancias bajo fuego incesante y coordinan la red logística y humanitaria más compleja de la Europa actual. Su heroísmo cotidiano derrumba estereotipos anacrónicos y ratifica que la preservación de la patria es una encomienda cívica asumida por la sociedad entera en igualdad de valor, compromiso y sacrificio.
México es una nación que comprende este fervor con íntima empatía. La historia de esta bendita tierra está cincelada por insurgentes, jinetes, campesinos y líderes populares que, al igual que los cosacos en nuestras praderas, se levantaron contra imperios invasores para salvaguardar la autodeterminación comunitaria. De igual forma, la memoria cívica mexicana venera a las soldaderas y heroínas que forjaron la República en cada una de sus transformaciones históricas. Ambas naciones compartimos la certeza de que los ejércitos agresores pueden arrasar temporalmente con la fuerza bruta, pero jamás podrán sofocar a un pueblo cuya identidad está blindada por el honor, la memoria y el amor entrañable a su tierra natal.
La paz justa y duradera que Ucrania construye con determinación no será el resultado de concesiones claudicantes ante la tiranía, sino la consecuencia del sacrificio y la solvencia moral de quienes se negaron a ser sometidos. Cada tramo de territorio liberado, cada niño que aprende en su lengua materna y cada bandera azul y amarilla que flamea soberana es un tributo a quienes defienden la vida y el derecho internacional.
Al cerrar este espacio, es menester consagrar un merecido homenaje a las y los defensores de Ucrania —tanto a quienes permanecen firmes en sus posiciones como a las y los héroes caídos que viven en la memoria imperecedera de la patria—. El velo de la historia no cobija a los agresores ni a los imperios expansionistas; ampara con dignidad eterna a quienes entregan su existencia por la libertad, la justicia y la vida de su pueblo.
*Embajador de Ucrania en México.