El corazón inquebrantable de una capital milenaria

Serhii Pohoreltsev

Serhii Pohoreltsev

Café de Kyiv

El último domingo de mayo, los corazones de millones de personas se unen para celebrar a una de las metrópolis más antiguas y majestuosas de Europa: nuestra amada capital. El Día de Kyiv no es sólo una fecha en el calendario, es un homenaje a más de 15 siglos de historia, cultura y, sobre todo, a una capacidad de resistencia que hoy asombra al mundo libre. En este Café de Kyiv quiero invitarles a mirar hacia nuestra cuna urbana y a descubrir por qué su pulso sigue siendo un faro de esperanza.

Para quien vive en la Ciudad de México, esta historia de amor y orgullo por la capital resonará de manera inmediata. No es coincidencia que la CDMX y Kyiv compartan un lazo formalizado a través de un acuerdo de hermandad desde 1997, ambas son urbes colosales, vibrantes, cunas de civilizaciones y poseedoras de una mística única. Los habitantes de la Ciudad de México saben perfectamente lo que significa la solidaridad urbana, el orgullo por sus barrios y la fuerza colectiva para ponerse en pie tras los momentos más desafiantes de su historia. Esa misma savia vital e inquebrantable es la que une institucional y humanamente a nuestras dos capitales.

Esta inquebrantable fortaleza se puso a prueba una vez más la noche del pasado 24 de mayo, cuando Kyiv sufrió un brutal y masivo bombardeo ruso con misiles y drones dirigido deliberadamente contra su centro histórico, científico y cultural. Este ataque causó severos daños en recintos invaluables como el Museo Nacional de Arte de Ucrania, la Biblioteca Nacional Yaroslav el Sabio y el Museo Nacional de Chornobyl. Lejos de ser un mero daño colateral, este acto de vandalismo representa un intento sistemático de genocidio cultural, una agresión que no solo golpea a Ucrania, sino a la memoria y herencia de toda la humanidad.

Sin embargo, Kyiv es una ciudad que se niega a ser definida únicamente por la tragedia de la agresión que padecemos. Es, por supuesto, una fortaleza que defendió con éxito su soberanía en los días más oscuros de 2022, pero hoy es también una metrópoli viva. Es el sonido de los cafés abiertos en el histórico barrio de Podil, el arte urbano que florece en las fachadas reconstruidas, las familias que pasean bajo las sombras de los castaños en flor, símbolo indiscutible de nuestra primavera, y los jóvenes que mantienen encendida la llama de la innovación tecnológica a pesar de las alarmas.

Celebrar a Kyiv hoy es también un acto de descolonización cultural. Es recordarle al mundo que cuando los cimientos de la Catedral de Santa Sofía ya se erigían como un centro de sabiduría, espiritualidad y derecho en el siglo XI, los mapas de quienes hoy pretenden borrar nuestra identidad ni siquiera existían. Kyiv no es el apéndice de ningún imperio, es el origen milenario de nuestra nación y el escudo de los valores democráticos de Europa.

La resiliencia de la capital ucraniana se sostiene sobre la fe de sus ciudadanos en el futuro. Al igual que México protege con celo su patrimonio y su derecho a trazar su propio destino, los habitantes de Kyiv defienden cada parque, cada monumento y cada aula de clases. La vida no se ha detenido, se ha transformado en una trinchera de dignidad cotidiana.

Al cerrar este Café, hoy y en estas circunstancias los invito a rezar por Kyiv, una ciudad donde el pasado venerable y el futuro libre se abrazan en cada esquina. Su luz sigue brillando con la firme convicción de que, así como los castaños florecen puntualmente cada mayo, la paz justa y la libertad volverán a reinar plenamente sobre sus colinas milenarias. Porque Kyiv fue, es y será siempre el corazón inquebrantable de Ucrania.

*Embajador de Ucrania en México