Think fast, think deep, de la inmediatez del formato a la profundidad del relato

Le preguntaron a Arturo Pérez-Reverte si le preocupaba la tendencia a la baja en los niveles de lectura entre jóvenes y adultos. El prestigiado escritor respondió que la sociedad siempre ha necesitado comunicarse a través de relatos, pero que lo que está cambiando no es tanto esa necesidad como los modos de narrar. En otros tiempos predominó la comunicación oral; más adelante, la escritura; y hoy, distintas formas de relato conviven y se multiplican a través de mecanismos como las series, los videojuegos o los podcasts. Cambian los formatos, pero las historias, en el fondo, permanecen.

Para hacer un análisis profundo sobre la lectura en la actualidad —que desborda naturalmente el propósito de esta breve reflexión— habría que distinguir entre los distintos medios de lectura. En lo que se refiere a libros y revistas tradicionales, sin duda ha habido una disminución. Sin ir más lejos, en México, de acuerdo con datos del Inegi, en los últimos diez años la población lectora de libros y revistas ha descendido 14 puntos porcentuales. Sin embargo, en muchos países ha crecido el número de lectores de blogs, novelas gráficas y contenidos digitales en redes sociales. Es el caso, por ejemplo, de España, donde el hábito lector por ocio ha aumentado en los últimos años, impulsado en buena medida por el formato digital. La lectura sosegada, de largo aliento, ha disminuido. La lectura fragmentada, diversificada y de textos breves, en cambio, ha crecido de manera significativa.

Un informe de la National Literacy Trust de 2025 señala que el disfrute por la lectura entre niños y jóvenes de 8 a 18 años se encuentra en su nivel más bajo de los últimos 20 años. En contraparte, comunidades como BookTok (en TikTok) o Bookstagram han disparado las ventas de literatura entre jóvenes lectores, quienes parecen sí querer leer, pero bajo sus propias reglas, ritmos y sistemas de recomendación.

En opinión de Pérez-Reverte, la lectura seguirá mostrando una tendencia a la baja en el mediano y largo plazo. Aunque él preferiría un mundo con mayor lectura tradicional, reconoce que existen modos de adaptarse a estas formas contemporáneas de expresión y reflexión. Lo esencial, sostiene, es no perder la magia del relato detrás de los distintos canales de comunicación. Adaptarse resulta indispensable, sin perder de vista que la lectura profunda sigue siendo necesaria.

Me resultó especialmente sugerente el concepto de “relato”. No aplica, desde luego, a todos los géneros literarios, pero sí está muy presente en la novela y en la historia, razón por la cual Pérez-Reverte lo subraya. Sin ser un concepto universal, ayuda a comprender cómo funciona la mente humana en relación con los modos antiguos y modernos de comunicación. Las historias, los personajes, las aventuras —en definitiva, los relatos— resultan naturalmente atractivos para nuestro cerebro y facilitan tanto su seguimiento como, en este caso, su lectura.

Por ello, en el deseo de fomentar que la gente lea más, parece razonable vincular mecanismos atractivos a distintos géneros literarios. Los científicos que logran relacionar las leyes de la física con los artefactos que observan a su alrededor despiertan la curiosidad del estudiante que ve esas leyes aplicadas. Los técnicos que explican cómo ciertos procedimientos operan de forma análoga en distintas industrias facilitan que quien escucha pueda trasladarlos a su propio contexto. Los poetas revelan la belleza que habita en ciertos versos y hacen volar la imaginación. Los lectores de novelas elevan los textos a una tercera dimensión mediante la creatividad interpretativa. Los historiadores, finalmente, enriquecen sus letras recreando en la mente del lector auténticas coreografías propias del mejor cine contemporáneo.

No siempre resulta sencillo encontrar el incentivo adecuado para cada tipo de texto. En este sentido, conviene recordar que aquel esfuerzo árido en el corto plazo, cuando se realiza con constancia, suele abrir horizontes en el mediano plazo y ofrecer otro tipo de gratificaciones. No debemos dar por perdida la batalla de la lectura sosegada y profunda, aunque a veces resulte menos atractiva. Decir simplemente “no es fácil lograrlo” sería una respuesta simplista. “Busquemos el cómo sí” es la actitud que necesitamos de cualquier educador en el mundo actual. Si hace algunos años se popularizó el Think fast, think slow de Kahneman, quizá valdría la pena poner hoy la mirada en un Think fast, think deep.

Estas paradojas del mundo de la lectura que plantean retos cruciales para la educación. Por un lado, es indispensable comprender a los jóvenes actuales: saber qué les atrae, conocer sus modos de expresión y reconocer sus intereses. Desde ahí, resulta posible capitalizar mecanismos creativos que los acerquen a la literatura. Por otro lado, no debemos asumir que la lectura profunda está irremediablemente perdida. Existen elementos para rescatarla y revitalizarla, no por un capricho de preservar el old style, sino por la relevancia de una habilidad que otorga horizonte, perspectiva y sabiduría al lector, al tiempo que le permite madurar como persona. Necesitamos ser más creativos para que las generaciones actuales fomenten, con modos nuevos y antiguos, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y una visión más holística de la realidad.