Soy, por naturaleza, una persona optimista. Creo en las familias, en los seres humanos en general. En que el mundo va a evolucionar hacia un punto más pacífico, justo y con mayores deseos de fomentar la creatividad innata en muchas personas, reducir contrastes y mejorar el nivel de vida de todos. En pocas palabras, soy un iluso, pero prefiero pensar que lo lograrán mis descendientes, tarde o temprano.
De vez en cuando (es más frecuente desgraciadamente) me topo con la triste realidad: Un mundo polarizado, lleno de fanatismos de todo tipo, con líderes mediocres y con grandes segmentos de población muy pasivos y sin energía para cambiar su situación y buscar su mejoría y crecimiento en todos los sentidos.
Me molesta esa situación, que es deprimente, pero luego recapacito y siento que, a pesar de todo vale la pena luchar y lograr trascender por medio de diferentes caminos y obviamente en un entorno muy reducido.
Es por eso por lo que, en un reciente artículo de la revista estadunidense Family Business, saqué una frase que me conmovió: somos la quinta generación de una empresa centenaria y la estamos haciendo crecer, porque “nos gusta trabajar juntos”.
Esas palabras me impactaron, ya que uno de los preceptos básicos que les trato de proponer a mis asesorados, a los asistentes a mis pláticas y en otros medios es la indispensable armonía y unión familiares como el eslabón básico para la continuidad del proyecto integral de una empresa o grupo familiar empresarial.
Claro que, con frecuencia hay discusiones, diferentes puntos de vista y de manejo de la operación, e incluso actitudes negativas que requieren ser solucionadas a tiempo, para que no se vuelvan conflictos mayores, pero con un objetivo único a largo plazo, lo más que puede pasar es que estén de acuerdo en disentir y que la mayoría lo acepte. No es un mundo perfecto, por supuesto, pero se pueden reducir al máximo las tensiones y llegar a arreglos razonables. Es muy difícil lograr el consenso absoluto en grandes o pequeñas empresas, pero vale la pena buscar en lo posible llegar a acuerdos, ya que las alternativas son complicadas, a veces tortuosas y muy erosionantes.
Soy un iluso, pero tengo varios ejemplos de familias que desean estar juntas en el trabajo y también en su convivencia familiar. Me imagino que hay razones muy válidas y en ciertos casos las he detectado, entre otras:
a.- Un fundador o fundadora carismáticos que logró unir a las siguientes generaciones con su ejemplo y esfuerzo, tanto en la creación de su negocio como en la cultura familiar y convivencia que han logrado. Son familias unidas que se reúnen frecuentemente y gozan de estar juntos.
b.- El sueño del fundador es compartido por todos los integrantes que trabajan en la empresa y entendido por convicción por aquellos que no están involucrados.
c.- Se crearon estructuras flexibles para la dirección de las empresas que le transfieren el poder absoluto que tenía el fundador a un consejo de administración efectivo y así se asegura que haya políticas y estrategias para las siguientes generaciones, cada vez más preparadas y con el ánimo de seguir las huellas y ejemplo de sus antecesores. Por supuesto, también un consejo familiar para muchas actividades apoyado por todos.
d.- Reglas claras, definiciones precisas, no ambiguas para que todos estén enterados(as) y las sigan si quieren trabajar en el negocio.
Y lo más importante: gozar de lo que uno hace y la presencia continua de sus seres queridos, creando un equipo sólido y bien motivado. ¡Sí se puede!
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