Son los partidos políticos los principales responsables de servir de filtro para que los criminales no lleguen a los cargos de elección popular. No es el INE como lo señaló la presidenta de la República. Incluso, es la Secretaría de Gobernación la que tiene la capacidad para identificar esos riesgos y coordinar esfuerzos con los líderes de los partidos políticos para frenar que sucedan casos como el del municipio de Tequila. Con mucho mayor razón cuando pertenecen al mismo partido político que gobierna la República.
La captura o sometimiento de las instituciones públicas por parte de los grupos criminales no es una novedad. Varios delitos no podrían haberse desarrollado con tal prosperidad si no hubiera colusión entre quienes ejercen el poder político y los criminales, por ejemplo, el fortalecimiento de las mafias del narcotráfico en algunas regiones. Lo novedoso ahora es que el propio gobernante encabeza las acciones delictivas de forma abierta e impune.
Para muestra basta un botón. El mismo gobierno reconoce que el único delito que no ha disminuido es la extorsión (pero las desapariciones crecen), incluso, se acaba de aprobar una reforma para incrementar las penas a quienes la cometen (si es que logran identificarlos). La extorsión como ningún otro delito, delata de forma trasparente la red y contubernio criminal entre quienes tienen poder político y los criminales. Pero en el caso de Tequila, es un delito que evidenció que los criminales no necesitan intermediarios, porque quien extorsionaba a los empresarios era el propio gobernante. No hay nada más efectivo que usar la información privilegiada que tienen las instituciones (hasta para la persecución política “blanda” de algunos gobernantes contra sus adversarios). Me refiero al uso del cobro del predial, del agua, de licencias comerciales y hasta multas para exigir cuotas semanales o mensuales, “según el sapo, es la pedrada”, se habla de montos desde 20 mil hasta 150 mil pesos a comerciantes, hoteleros y empresarios del tequila y la cerveza. Pobres de quienes no pudieron pagar o se negaron. Fueron amenazados, golpeados o secuestrados o simplemente sus negocios fueron clausurados.
Pero el problema de Tequila no comenzó cuando un criminal ganó una elección, sino antes, cuando un partido político (Morena) lo registró como su candidato. Fue el momento que todo estaba decidido, porque sólo la ley y la justicia podrían frenarlo (una razón más para que las instituciones de justicia sean independientes). Éste no es un hecho aislado, una y otra vez se repite el mismo patrón: estos criminales ya no permitirán piedras en el camino. Amenazarán a sus adversarios, los secuestrarán o los aniquilarán si es necesario para que no estorben a sus objetivos. ¿Por qué un partido político registra a un criminal para un cargo popular? Por varias razones, pero las más comunes están relacionadas con la falta de democracia interna de los partidos. Pocos de estos forman militancia. Entonces, cada coyuntura electoral le ceden las candidaturas a quienes tienen recursos económicos para hacer campaña, pero en pocas ocasiones a quienes hacen el trabajo territorial bajo una perspectiva de compromiso político. No hay lealtad porque no hay reconocimiento. Lo que importa es ganar la elección o por lo menos no perder el registro. Así se han colado celebres gobernantes que dicen que llegan al poder porque son amigos del amigo de quien tiene el cargo mayor, o personas que tienen los recursos hasta para pagar un espacio en los primeros lugares de la lista plurinominal.
Son previsores algunos líderes partidarios, porque lo suyo es sobrevivir. Dirán algunos de ellos que, al fin que la política es como la rueda de la fortuna, los que están abajo podrían en algún momento estar arriba, y cuando se está ahí, todo lo malo es borrado. Pero, quizás, quienes no sobrevivan son los ciudadanos que votaron a favor de ese partido, no del candidato, aunque el ganón sea éste.
Tequila es un caso emblemático entre las docenas de casos de Jalisco, Zacatecas, Michoacán, Guanajuato, Veracruz, etcétera, pero no son la punta del iceberg. La corrupción profunda la vamos a conocer cuando se investigue que hay detrás de los miles de desaparecidos.
