La presidenta Claudia Sheinbaum pudo reaccionar como una estadista y decir que México no acepta imposiciones, pero tampoco protege a nadie. A partir de eso, frente a la acusación del Distrito Sur de Nueva York, podría ordenar una investigación hasta sus últimas consecuencias, contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y las otras personas señaladas por presunta conspiración para importar drogas y por proteger operaciones del Cártel de Sinaloa a cambio de apoyo político y sobornos.
Esto le permitiría seguir defendiendo la soberanía mexicana con autoridad moral, pero eso profundizaría la crisis de la relación de su gobierno con los duros de Morena que apenas están digiriendo la no continuidad de la política de seguridad pública del sexenio pasado, y los cambios en la dirección nacional de su partido.
Por eso la Presidenta no hizo lo anterior, optó por una línea dura en contra de Estados Unidos, y le exige pruebas, denuncia filtraciones y defiende el debido proceso para los señalados, incluso, los anima y les dice que “el que nada debe nada teme”. Con este posicionamiento, la presidenta Sheinbaum busca evitar una ruptura con Morena y contener el impacto de las acusaciones de colusión con el crimen organizado contra actores de alto perfil. Sin embargo, esta postura puede tener costos políticos difíciles de prever: al interior, puede debilitar la legitimidad de su gobierno, y hacia el exterior, deteriorar la relación bilateral con Estados Unidos en un momento delicado, a las puertas de la renegociación del T-MEC.
Además, si Estados Unidos presenta las pruebas que la mandataria exige y amplia la cantidad de políticos y funcionarios investigados, la defensa presidencial podría resultar aún más costosa, pues la Presidenta quedaría atrapada en su propia narrativa. Aun así, todo indica una radicalización del discurso presidencial y de figuras relevantes del partido: presentan el caso como una intervención política extranjera y refuerzan la narrativa nacionalista que les funcionó en el sexenio pasado, bajo condiciones económicas y políticas distintas, y sin el presidente Trump con la baja popularidad que hoy enfrenta.
Lo paradójico de la reacción del oficialismo es que cuando Estado Unidos señala por los mismos delitos a sus adversarios, la acusación suele presentarse como prueba de corrupción del viejo régimen y hasta se festeja. Así pasó con el caso de Genaro García Luna, quien fue condenado a más de 38 años de prisión bajo pruebas no muy transparentes. Pero, cuando los señalados pertenecen al bloque gobernante, la reacción cambia hacia la defensa de la soberanía, la exigencia de pruebas y la denuncia de motivaciones políticas. Pero ese discurso ya no es tan creíble cuando es obvio el dispendio económico y la soberbia con la que actúan algunos actores políticos del actual régimen.
Así, el gobernador Rubén Rocha Moya se equivoca al declarar que nada pasará, porque ya está pasando. Los señalamientos de Estados Unidos en su contra tienen un costo político muy alto para el gobierno de la 4T, pero también un impacto negativo para México. Tal vez él diga eso porque cree que se repetirán el modelo del caso del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa, cuando Estados Unidos lo detuvo en Los Ángeles mientras realizaba un viaje familiar, el expresidente López Obrador cuestionó la investigación de la DEA y la insuficiencia de las pruebas y presionó para que fuera devuelto a México; después, la FGR no ejerció acción penal. Pero, en el caso actual, son otras las condiciones, la ingobernabilidad prevalece en Sinaloa y más de 80% de sus ciudadanos se sienten inseguros, así que, si el gobernador no teme nada, ayudaría mucho que renunciara y no obstaculizara las investigaciones, si sale airoso, sería un ejemplo de valentía y de honestidad.
Lo cierto es que el dilema de la presidenta Sheinbaum es muy delicado: México es un país soberano y debe exigir pruebas, pero no puede convertir la soberanía en una coartada para no investigar o para encubrir a los suyos, quienes, por ciento, si estuvieran en su lugar, no tendrían dilema que resolver.
