Observadores electorales internacionales

Es costumbre que en cada elección se convoque a los ciudadanos por medio del Instituto Nacional Electoral, a registrarse como observador electoral. De hecho, el portal del INE registró a 23,586 personas que cumplieron con los requisitos para asumir ese papel el 6 de ...

Es costumbre que en cada elección se convoque a los ciudadanos por medio del Instituto Nacional Electoral, a registrarse como observador electoral. De hecho, el portal del INE registró a 23,586 personas que cumplieron con los requisitos para asumir ese papel el 6 de junio. Entre los requisitos que deben cumplir los solicitantes se encuentra el de no haber sido parte de una organización o partido político, por ejemplo. Pero hay otro gran número de observadores electorales que se registran como representantes de organismos e instituciones internacionales. EÉstos se han denominado por el INE como “visitantes extranjeros acreditados" y, según la información del presidente consejero Lorenzo Córdova Vianello, se encuentran en México 559 visitantes de 45 naciones para observar esta elección.

 El fenómeno electoral mexicano de este domingo, visto desde el ámbito sociológico y del análisis político, debe ser muy extraordinario para estos observadores internacionales que representan diversos organismos, como la Misión Internacional de la Organización de Estados Americanos y la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), presidida por José Miguel Insulza. México no sólo es uno de los países más grandes de América Latina, sino que representa para la región, sin lugar a dudas, un laboratorio electoral. Considerada como la elección más grande de la historia moderna de la democracia de nuestro país, los resultados del domingo pueden ser un indicador de lo que podría suceder en otros países, incluso, un ejemplo a seguir de cómo organizarse partidariamente. En ese contexto, tuve la fortuna de ser invitada a una reunión que sucedió este miércoles entre una representación de la Copppal, encabezada por Dolores Gandulfo (directora del Observatorio Electoral de esa organización) y el coordinador nacional de Movimiento Ciudadano (MC), Clemente Castañeda. Precisamente, yo estaba en las oficinas del partido en espera de tener noticias sobre el secuestro de la candidata a presidenta del municipio de Cutzamala de Pinzón, Marilú Martínez, cuando el coordinador recibió la llamada del gobernador Héctor Astudillo para informar que la candidata ya había sido localizada. La coincidencia hizo que pudiera expresarle a estos observadores, desde mi punto de vista, la situación particular del proceso electoral en Guerrero. Pero, lamentablemente, la violencia política, por diversas razones, no sólo se ha manifestado en ese estado, sino en toda la República, tan sólo la empresa Etellekt contabilizó 89 políticos, hombres y mujeres, asesinados hasta este momento, relacionados con esta contienda electoral (MC perdió dos candidatos de forma trágica y violenta: Abel Murrieta, en Sonora, y Alma Rosa Barragán, en Guanajuato).

De ahí que pensé que era muy importante la presencia de los observadores electorales, en primer lugar, porque, quizás el simple hecho de su presencia física inhiba que haya más víctimas mortales, pero, en segundo lugar, ante el asedio que ha sufrido el árbitro electoral por parte del presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, el testimonio de estos observadores es clave para que los resultados electorales no sean cuestionados si no le favorecen a Morena y a sus aliados. De hecho, según los cálculos del presidente del Tribunal Electoral, José Luis Vargas Valdez, como resultado de las inconformidades, habrá más de veinticinco mil impugnaciones. Ante esta circunstancia, tal y cómo lo dijo el coordinador Clemente Castañeda en esa reunión, lo que pone en riesgo la democracia de nuestro país no es cómo queden conformadas las fuerzas políticas, sino que haya alguna duda de que la representación política emanó de un ejercicio totalmente libre de la voluntad ciudadana.

Esto incluye que no haya ningún tipo de presión hacia los ciudadanos a la hora de emitir su voto ni de quienes ya ostentan el poder político, ni de los poderes fácticos que se mueven en el ámbito local. Lamentablemente, esto parece imposible ante la confesión pública del Presidente (de que él sí interviene en el proceso) y, ante la manifiesta violencia que ha definido este proceso electoral como el más sangriento.

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