No es amarillismo, es la realidad en la CDMX

Para la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, tal vez fueron incómodos algunos datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que el Inegi dio a conocer a principios de la semana, y culpó a los medios de comunicación por el crecimiento de percepción ciudadana de inseguridad en la capital del país —13 de las 16 alcaldías—, sin embargo, el problema no es sólo local.

De octubre de 2024 a diciembre de 2025, en promedio, creció 2% la percepción ciudadana de inseguridad en 91 áreas urbanas del país, pasando de 58 a 63.8%, respectivamente. De hecho, las gráficas son transparentes y reflejan un crecimiento constante a partir de esa fecha. Esto resulta inquietante, porque el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reporta una importante disminución en la mayoría de los delitos de alto impacto en ese mismo periodo, por ejemplo, 40%, en homicidios dolosos; -19.5%, robo a vehículos con violencia; -15.9%, robo a transeúnte; -15.2%, feminicidios, etcétera, ¿por qué los ciudadanos perciben más inseguridad si estos delitos disminuyeron?

Esto podría explicarse si consideramos que existen otros actos delictivos de alto impacto que no disminuyen y oscurecen totalmente los avances, por ejemplo el de la extorsión; u otros que, aunque disminuyeron se suman a la categoría de “atrocidades” documentadas por la organización de Causa en Común, que producen terror, por ejemplo, las fosas clandestinas, las masacres y asesinatos con saña, pero, por otra parte, se suma un delito que la autoridad no quiere reconocer que se ha convertido en una epidemia de exterminio de los jóvenes: el de la desaparición forzada.

Este delito se ha convertido en el talón de Aquiles del actual gobierno, no porque no sucediera en los anteriores, sino por su atípico crecimiento, por encima de la disminución total de homicidios dolosos. Esto resulta una herida abierta que sangra cada vez que una madre de familia denuncia que su hija o hijo desapareció, aún, frente a sus propios ojos, tal y como sucedió con el joven Carlos Emilio Galván Valenzuela, en un restaurante de Mazatlán.

Lamentablemente, la desaparición forzada no se reporta con la misma trasparencia que los otros delitos de alto impacto, eso abona a una mayor impunidad y al crecimiento del delito, incluso, en entidades federativas en las que los casos eran relativamente pocos, por ejemplo, en la Ciudad de México.

Tal y como observamos al principio, los datos del Inegi demuestran que sólo en tres alcaldías disminuyó la percepción de inseguridad (Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Xochimilco). De ahí que es obvio que la percepción negativa se está produciendo por la realidad que se vive: el incremento de delitos de alto impacto y de problemas que enfrentan los ciudadanos de forma cotidiana, es decir, no es nota amarillista de algún medio de comunicación.

Por ejemplo, si bien es cierto, el número de homicidios dolosos disminuyó (-40% en promedio), la Ciudad de México fue el último lugar de los 32 estados en ese promedio (6.9% diario), pero, por otra parte, las denuncias por desapariciones forzadas crecieron más que en cualquier otra entidad. En total desde 1952 hasta 2025, había más de seis mil 200 denuncias de desaparición forzada, de éstas, aproximadamente la mitad se produjeron en el periodo de gobierno de la actual jefa de Gobierno, Clara Brugada. Por otra parte, en ese mismo periodo, crecieron los hogares que tuvieron alguna víctima de robo, extorsión y/o fraude: Iztapalapa, con 47.5; Tláhuac, con 46.9, y Xochimilco, con 45.6 por ciento.

Además de la inseguridad, los problemas que más afectan a los ciudadanos son la cantidad de baches que prevalece en todas las vialidades; el incremento exponencial de embotellamientos viales; la deficiencia del transporte público (sobre todo el Metro), y la precariedad de los servicios de salud pública.

Obviamente, el estrés y la tensión social que estos problemas producen en los ciudadanos, se traducen en un crecimiento en los conflictos territoriales (contabilizados por la encuesta), pero también, en una mayor percepción de inseguridad. Así que no, no son los medios de comunicación, es la terca  realidad que se impone.