Irán: cuatro escenarios
Una pregunta que lógicamente ha surgido en estas semanas es la de si, más allá de la figura de Reza Pahlavi, hijo del depuesto sha en 1979 y con escasísimas posibilidades de convertirse en la cabeza de una nueva dirigencia política, existe alguna otra alternativa capaz de asumir el mando nacional en caso de que el régimen colapsara.
El destino de Irán en estos cruciales momentos se presenta profundamente incierto. Las protestas populares parecen haber sido reprimidas por el régimen con tal ferocidad, que su frecuencia y capacidad de desafío han decrecido. Sin embargo, el país persa sigue estando en el ojo del huracán debido a la amenaza del potente aparato militar estadunidense que lo rodea a fin de forzarlo a abandonar sus pretensiones de hacerse de una capacidad nuclear especialmente peligrosa, dada la ideología islamista mesiánica que caracteriza al liderazgo de los ayatolas. Se trata, pues, de una crisis de gran envergadura cuyo desenlace es incierto. Al momento de escribir este artículo aún existe la posibilidad de que la vía del diálogo diplomático con EU en Omán pueda alejar los vientos de guerra, pero aun así, es evidente que el futuro del país se perfila distinto de lo que ha sido hasta ahora.
Una pregunta que lógicamente ha surgido en estas semanas es la de si, más allá de la figura de Reza Pahlavi, hijo del depuesto sha en 1979 y con escasísimas posibilidades de convertirse en la cabeza de una nueva dirigencia política, existe alguna otra alternativa capaz de asumir el mando nacional en caso de que el régimen colapsara. La respuesta ha sido, por lo general, negativa ya que como buena autocracia no ha permitido el surgimiento de una oposición organizada, sino que para la renovación de los liderazgos oficiales ha recurrido a elecciones periódicas controladas estrictamente por el gran ayatola, quien siempre elige quién sí y quién no puede postularse como candidato.
Sin embargo, a lo largo de los 47 años de vida del régimen, esporádicamente han aparecido dentro de las filas de la propia dirigencia, elementos que se definen como “reformistas”, y que, aunque alineados a la directriz oficial, han intentado moderar los excesos belicosos y represivos de los duros, casi siempre sin éxito. Algunos de esos políticos en ocasiones han acabado purgando penas carcelarias por haber pretendido llegar más allá de lo permitido.
Por ejemplo, el año pasado, después de la guerra de 12 días librada contra Israel, cuyos resultados fueron desastrosos para Irán, lo que sobrevive del “Frente Reformista” emitió una propuesta de cambios indispensables para salir de esa coyuntura crítica. Se trataba de reformas tanto internas como respecto a política exterior. En cuanto el escenario doméstico se sugería la abolición del estricto código de vestimenta femenina, la liberación de los presos políticos y la exclusión de los miembros de la Guardia Revolucionaria de la toma de decisiones políticas. Respecto al ámbito exterior, la propuesta era retomar negociaciones con EU y suspender el enriquecimiento de uranio a cambio del aflojamiento de las sanciones económicas. Desde luego, esas propuestas cayeron en oídos sordos, pero revelan que existe un segmento de políticos con visiones más pragmáticas.
El especialista israelí en asuntos iraníes del INSS, Raz Zimmt, plantea cuatro posibles escenarios a futuro:
1.- Continuación del statu quo hoy prevaleciente acompañado de una declinación gradual similar a la padecida por la URSS en sus etapas finales, hasta la muerte de Khamenei –ahora de 87 años de edad– cuando el régimen haría implosión. 2.- Las protestas masivas del último mes consiguen recuperar fuerzas renovadas y derrocan al régimen. Este escenario es bastante improbable mientras el aparato de represión político-militar se mantenga cohesionado. 3.- El mencionado aparato político-militar, incluido el Cuerpo de Guardias Revolucionarios, protagoniza un golpe de Estado que impone un liderazgo militar autoritario alternativo. 4.- Intervención militar de EU que descabeza al actual régimen y desata en consecuencia una movilización nacional capaz de dar un golpe de timón mediante la convocatoria a un referéndum acerca de la naturaleza del régimen o, en su defecto, a elecciones libres.
Se puede especular si las figuras políticas caracterizadas como “reformistas” y relativamente pragmáticas en el pasado podrían, en ese caso, tomar la estafeta, y si serían capaces de emprender una ruta alternativa que logre liberar al pueblo iraní del yugo de la tiranía que los ha privado por tantos años de libertad y vida digna.
