El Mundial de las madres buscadoras

Durante el Mundial de Argentina 1978 fueron las madres de la Plaza de Mayo quienes pusieron en jaque la historia oficial del entonces gobierno militar argentino, cuando denunciaron que éste usaba el evento para mostrar una imagen de “normalidad” mientras en el país ocurrían secuestros, torturas, detenciones clandestinas, desapariciones forzadas y apropiación de niños.  

Desde esa fecha quedó claro que los Mundiales no son sólo alegría, sino también una ventana abierta para visibilizar la parte oscura de un Estado. Por ejemplo, en Alemania se habló de trata; en Sudáfrica, de desalojos y hostigamiento; en Brasil, de corrupción y abuso policial; en Rusia, de represión; en Qatar, de explotación laboral.

México no será la excepción, faltan tan sólo 20 días y llegará al Mundial con una herida sangrante: un registro nacional con más de 134 mil personas desaparecidas.

En un país en donde el propio gobierno ha normalizado que las madres de las víctimas, a pesar del miedo y el riesgo de morir (han asesinado a 24 buscadoras: Amnistía Internacional, 2025), tengan que convertirse en investigadoras, rastreadoras, peritas improvisadas y defensoras de derechos humanos para suplir la ausencia institucional; no debería resultar extraño que las víctimas aprovechen la mirada internacional del Mundial para visibilizar su dolor bajo el lema: “México, campeón en desapariciones”, tal y como lo hicieron en la marcha del 10 de mayo pasado.

Si bien la comparación de Argentina con lo que sucede ahora mismo en México no es equivalente, porque la circunstancias son diferentes, lo cierto es que el gobierno de México teme la crisis mediática en torno a las denuncias de las madres buscadoras y, de forma apresurada, a la puerta del Mundial, intenta hacer lo que no hizo en estos últimos ocho años del gobierno de la llamada cuarta transformación: reuniones con colectivos, creación de mecanismos como la Plataforma Única de Identidad, la Alerta Nacional y un Centro de Mando 24/7. Frente a estos compromisos, las dudas razonables surgen ¿será una respuesta real o sólo cosmética? Frente a la docilidad del Poder Judicial y la hegemonía legislativa morenista ¿le cumplirán a las víctimas cuando termine el Mundial? ¿Cómo se puede confiar en la palabra si la presidenta Claudia Sheinbaum no se compromete personalmente con las madres buscadoras?

Tal vez, si la atención a las víctimas hubiera sido antes, no estaríamos enfrentando la crisis nacional, humanitaria y política, pero ahí está, es real, y sigue creciendo, no sólo por los dolorosos datos del mismo gobierno y los señalamientos de la ONU, sino por la negación del expresidente Andrés Manuel López Obrador durante el sexenio pasado, pero también, de la Presidenta, quien, en el corto periodo de su gobierno ya carga con 17 mil personas desaparecidas, lo que implica un promedio de entre 30 a 35 denuncias a diario. Por otra parte, de las 134 mil personas sin localizar, 46 mil no cuentan con datos suficientes para buscarlas. Paradójicamente, a la par de este dato, hay una crisis forense con alrededor de 70 mil cadáveres sin identificar, ¿casualidad?

Por supuesto que nadie niega mérito por la disminución de homicidios dolosos a partir de la nueva estrategia de seguridad, pero, los desaparecidos crecen y la desconfianza y el miedo también, no sólo por la represión que enfrentan los familiares de las víctimas que se aferran a buscar a sus hijos, sino porque con las detenciones y persecución de gobernantes de todos los niveles, por involucramiento con los grupos criminales, queda demostrado que, detrás de las violencias, incluidas amenazas, extorsiones, ataques, desplazamiento, secuestro, tortura, violencia sexual, desapariciones y asesinatos, no sólo está la mano invisible de los criminales, sino la complicidad de los gobernantes, mismos que recibieron el voto de los ciudadanos con la falsa idea de que iban a garantizar su seguridad y la de su familia. Mintieron.