Dislikes para el gobernador de Nuevo León
Terminaba la década de los años noventa cuando Giovanni Sartori publicó una interesante tesis sobre el efecto que produjo en las personas el descubrimiento de la televisión: La mutación del homo sapiens en homo videns Homo Videns. La sociedad teledirigida, 2006. ...
Terminaba la década de los años noventa cuando Giovanni Sartori publicó una interesante tesis sobre el efecto que produjo en las personas el descubrimiento de la televisión: La mutación del homo sapiens en homo videns (Homo Videns. La sociedad teledirigida, 2006). Para el autor, en la era de la sociedad teledirigida se sustituyó la palabra por la representación visual y se produjo un nuevo tipo de ser humano que se forma desde niño a partir de la imagen, que no lee, que se vuelve adicto a los videojuegos y cuando crece, ya adulto, responde casi exclusivamente a estímulos audiovisuales. Con el paso de los años, el papel de la televisión se ha transformado y hasta ha sido sustituido por las novedades tecnológicas del internet, pero no deja de ser cierto que la forma enajenante de usar algunas herramientas sigue sustituyendo la palabra escrita y con ello el desarrollo del lenguaje conceptual.
Dentro de estas nuevas formas de comunicarnos están las llamadas redes sociales. Para muchas personas, antes de la pandemia era estresante no “estar conectado” por medio de Twitter o Facebook, pero durante el confinamiento, no hacerlo era estar muertos sin haberse contagiado, es decir, no tenían forma más eficiente de no sentirse solos que estar “conectados”. No importa lo frustrante que pueda ser leer comentarios mal intencionados o hasta ofensivos, estar en la red es existir.
En ese contexto, la actividad política no es ajena a esta nueva forma de comunicarse. Tan fue así que, en el proceso electoral de junio del año pasado, algunos partidos políticos decidieron lanzar candidatos que estuvieran “mejor posicionados” en las redes. Y lo lograron, algunos de estos candidatos demostraron que se puede ser exitoso en la política si se tienen suficientes recursos económicos y un buen manejo en las redes sociales para difundir su imagen. Dice un dicho popular que “una imagen dice más que mil palabras”. En ese contexto, la imaginación de algunos competidores no tuvo límites para “conectar” con el elector: Igual difundían imágenes en la regadera o usando unos tenis del color del partido que los promocionaba. El objetivo era ganar y, si el electorado cautivo era ese sector de jóvenes que, cansados de discursos tradicionales y desgastados, buscaban con quién identificarse, entonces, había que darles lo que querían: una realidad virtual.
Pero, gobernar no es lo mismo que ser candidato. La representación política implica responsabilidades jurídicas y acciones éticas. Aún más, en un régimen democrático, implica garantizar los derechos de los gobernados. En ese contexto, llamó la atención lo que sucedió el 15 de enero, cuándo el gobernador del estado de Nuevo León, Samuel García y su esposa, Mariana Rodríguez, informaron sobre el permiso que obtuvieron del DIF para “adoptar”, por un fin de semana, a un infante. Durante esos días, en su cuenta de Instagram exhibieron diversas fotos. Las imágenes, como dijo Sartori, son concretas. Si fuera una pareja de ciudadanos cualquiera y si la ley se los permitiera, lo que hicieron por ese bebé el fin de semana, no sería un delito. Sin embargo, desde el punto de vista de los derechos humanos del infante bajo el resguardo del DIF, se violó el procedimiento al no existir “adopciones temporales”, se violó la integridad del niño al exhibirlo en fotografías públicas y se utilizó al niño para lucrar mediáticamente con su persona e imagen. Como lo señaló Save the Children, se violó su “…derecho a la vida privada, derecho a la identidad, derechos relacionados con la aplicación del interés superior establecido en la Constitución”.
La diferencia que hay entre el ejercicio de gobierno eficaz y el del gobierno de redes sociales, es que en la primera se resuelven problemas públicos y, en la segunda, sólo se busca obtener más likes en las redes sociales, construyendo imágenes que no necesariamente reflejan la realidad. En el afán de difundir “buenas acciones” no se cuidan los aspectos esenciales de éstas o la legalidad y responsabilidad del servicio público.
