Fracasa Insabi; entra al rescate IMSS-Bienestar

Una de las mayores apuestas del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, el Instituto de Salud para el Bienestar Insabi, que dirige el tabasqueño Juan Antonio Ferrer, y que sustituyó al Seguro Popular, fracasó rotundamente. Y ahora enviaron al director del ...

Una de las mayores apuestas del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que dirige el tabasqueño Juan Antonio Ferrer, y que sustituyó al Seguro Popular, fracasó rotundamente. Y ahora enviaron al director del IMSS, Zoé Robledo, al salvamento de la población que le tocaba atender a este primer organismo.

El rescate será operado, para hablar coloquialmente, por una especie de programa o división del IMSS, si así se le quiere ver, que nació hace más de cuatro décadas como una alternativa para atender a la población más pobre y alejada de los servicios de salud y que permanecía en el abandono.

Hoy, ese espacio se conoce como IMSS-Bienestar y opera con personal e infraestructura del Instituto Mexicano del Seguro Social, pero con recursos propios que le otorga el gobierno federal. Es decir, no toca ni recibe las aportaciones de los trabajadores y de los patrones con las que opera el bloque central del IMSS.

Y ese programa del instituto será el que ahora se encargará de dar atención médica de calidad y medicinas gratuitas a los más de 50 millones de mexicanos que no tienen IMSS, ISSSTE, Pemex ni ningún esquema de seguridad social.

En otras palabras, el IMSS-Bienestar atenderá a la población que estaba en el Seguro Popular en anteriores sexenios. Y, al mismo tiempo, también le quitará el mando a los gobernadores y a sus administradores en torno a los recursos de salud y ahora el dinero será manejado desde la Federación.

Pero aún hay muchos temas por aclarar y que generan muchas dudas. Porque todavía no queda claro si el IMSS-Bienestar manejará los recursos, o será el Insabi o directamente la Secretaría de Hacienda.

Tampoco se entiende cómo va a operar este nuevo esquema, pues hay que recordar que los 80 hospitales rurales y clínicas del IMSS-Bienestar sólo atienden algunas enfermedades y su trabajo es básicamente hacia la prevención.

También se ignora qué pasará con los trabajadores de salud de los estados que se sumen a este nuevo modelo: si seguirán perteneciendo a las secretarías de Salud estatales o serán del IMSS-Bienestar.

Lo único cierto es que, con esto, el Insabi prácticamente quedará desmantelado.

Ahora, paradójicamente, el IMSS-Bienestar, de ser el patito feo en sexenios panistas y priistas, al que le daban el mínimo del presupuesto porque su atención era en las zonas rurales e indígenas más pobres y marginadas de 19 estados del país, pasará a ser el programa de salud más importante del país.

Para lograrlo, como primera medida, Zoé Robledo tuvo que conseguir el aval del Consejo Técnico del IMSS, donde participan autoridades del gobierno, del sector obrero y del empresarial, para poder implementar este nuevo plan de salud.

Y no tuvo problemas. Estos sectores avalaron la medida, pero siempre y cuando, le advirtieron, no se toque al IMSS ordinario, es decir, al que atiende a más de 50 millones de derechohabientes, para los cuales aportan sus cuotas.

ABATELENGUAS

Para entender el nuevo esquema hay que hacer un poco de memoria. Hay que recordar el origen del IMSS-Coplamar, que surgió hace 43 años del propio IMSS para ofrecer los servicios de salud más básicos a más de 13 millones de personas sin seguridad social. Su presupuesto, como ya lo hemos dicho, no salía del IMSS, sino de las arcas del gobierno.

Lo que son las cosas, en innumerables ocasiones en el Consejo Técnico del IMSS se pidió que el IMSS-Solidaridad o el IMSS-Oportunidades o el IMSS-Prospera o IMSS-Bienestar (en cada sexenio cambia de nombre) dejara de ser operado por el IMSS. Y hoy será el proyecto estrella.

BAJO EL MICROSCOPIO

El nuevo modelo de atención comenzará a operar el 1 de abril en Nayarit y posteriormente en Tlaxcala y Colima. Después están en la mira Baja California Sur, Campeche, Ciudad de México, Durango, Michoacán, Oaxaca, Sonora, Sinaloa, Veracruz y Zacatecas.

Por lo pronto, todos estarán observando lo que pase en Nayarit. El futuro de este proyecto depende de lo que ahí suceda.

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