Murió Andrés

Se fue feliz, sabiendo que todos sus hijos y nietos lo amamos profundamente.

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

Para mí es un honor sentirme guerrerense, hay muchos lazos consanguíneos que me unen a esta tierra extraordinaria, todos mis ascendientes paternos y muchos amigos entrañables cuentan con un gran espacio en mi corazón y de mi idiosincrasia. Estoy en casa, en la casa de mi padre, así me siento cada vez que entro a territorio calentano.

Escuchar su acento, percibir sus olores y sabores me remonta a las aventuras de infancia más entrañables de la vida. Usar los típicos huaraches y sombreros característicos me sumergen todavía más a esta hermosa región del país, por supuesto, su mezcal, los toqueres y los uchepos que comparten el origen purépecha con el sur del estado de Michoacán.

La historia de millones de mexicanos coincide con la cultura del esfuerzo, ahí confluyen miles de historias, donde la aventura de salir de sus comunidades no en todos los casos resultan ser ejemplo de éxito, pero lo que en definitiva tiene un común denominador es el deseo de superación en lo profesional, intelectual y que ello redunde en lo económico.

La historia de Andrés Peralta Santamaría, mi padre, fue ésa. Desde muy joven dejó su natal Coyuca de Catalán, Guerrero, en el corazón de la región de la Tierra Caliente, una zona históricamente agreste, no solamente por su geografía de difícil acceso, sino por su candente clima en lo natural y, por supuesto, en lo social; cuna de miseria, marginación y falta de oportunidades, ha sido una productora incansable de migrantes hacia Estados Unidos, como muchas otras zonas del país. Como estudiante de bachillerato egresó de la Escuela Nacional Preparatoria 3 Justo Sierra, en el antiguo Colegio de San Ildefonso, también cursó sus estudios de la licenciatura en la Facultad de Derecho de la UNAM, en Ciudad Universitaria, siendo la segunda generación del recién inaugurado campus universitario.

Su amor por la universidad, que le abrió la puerta a quien no contaba con recomendaciones ni compadrazgos o padrinazgos, le hizo inclinarse por la vida académica e intelectual y, por supuesto, la política, fue así como lo regresó laboralmente a la Escuela Nacional Preparatoria 3, logrando ser el último director que ocupó durante 8 años el Antiguo Palacio de San Ildefonso, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y quien posteriormente inauguró las nuevas instalaciones que, a la fecha, se encuentran en Aragón. Dio su vida profesional a la UNAM en la Ciudad de México y se jubiló con más de 30 años de servicio.

Su intención de proporcionar las mismas oportunidades a la población guerrerense le hizo incursionar en la vida política de su estado, siendo subsecretario de Gobierno estatal, presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, agente del Ministerio Público y fue el director fundador del Sistema del Colegio de Bachilleres en el estado de Guerrero, que no existía en la época, otorgando a miles de jóvenes las oportunidades de preparación académica como él y miles más que no pudieron hacerlo por las razones ya señaladas.

Mi amor por la UNAM y todo lo que significa la vida universitaria, sus noches con estudiantinas, la amplia cartelera cultural de las prepas y, por supuesto, su alto nivel académico, me fue inspirado por él. Mi inclinación al estudio del derecho y el gusto por la política también los aprendí desde la infancia.

Somos 10 hijos y yo el más joven del primer matrimonio de mi padre con María Luisa Saucedo López, quise dedicar esta columna con una muy breve reseña de quien ha sido para mí el mayor ejemplo de perseverancia, empeño y ejemplo de rectitud y amor por la vida; el día de ayer falleció por la madrugada, se fue feliz, sabiendo que todos sus hijos y nietos lo amamos profundamente, y que pudo exhalar un último aliento en su casa en tierra caliente, pero, además, estoy convencido de que pudo haber expresado: “Misión cumplida”. Su gran misión fue siempre ayudar al prójimo y hacer el bien cada vez que existió la oportunidad de hacerlo. Los que lo tuvimos muy cerca coincidimos con que sus características fueron siempre de ser un hombre cercano, amoroso, amable y de extraordinario buen humor, bohemio eterno y apasionado de los tríos, boleros y mambos. Sin duda, cada vez que escuchemos esas piezas y a la Sonora Santanera será tanto como el efecto que causa escuchar Amor eterno de Juan Gabriel.

Aun sin todo el escenario y la música de fondo, en un momento como éste, cuando hay un profundo amor nos hace quebrar la voz y enjuagar los ojos, el ritmo se acelera por el sentimiento de pérdida física, pero lo que siempre persistirá es precisamente ese amor a la distancia que solamente deja huella permanente en la admiración y agradecimiento a los padres. Los que hemos pasado por esta experiencia saben a lo que me refiero. Escribo estas líneas con estos últimos sentimientos, añorando el momento de encontrarme ante Dios con mi amado padre. Hasta pronto, papá.

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