López, sinónimo de autoridad moral
En diversos textos se ha manifestado que la peor de las crisis que le pueden ocurrir a una sociedad es la crisis de liderazgos. Porque no es lo mismo liderazgo, autoridad y poder.El liderazgo radica primordialmente en la colectividad, no se impone, ya que su ...
En diversos textos se ha manifestado que la peor de las crisis que le pueden ocurrir a una sociedad es la crisis de liderazgos. Porque no es lo mismo liderazgo, autoridad y poder.
El liderazgo radica primordialmente en la colectividad, no se impone, ya que su manifestación depende fundamentalmente de la lealtad recíproca entre ambas partes.
Cuando se tiene una autoridad jerárquica, desde el punto de vista laboral, se cumple estrictamente una instrucción y se recibe una remuneración en consecuencia.
Muchas décadas han pasado en nuestro país sin contar con liderazgos legítimos, donde el convencimiento masivo nada tiene que ver con el engaño que tuvimos en el año 2000, cuando el peor presidente de la historia de México, Vicente Fox Quesada, generó una expectativa de “cambio de régimen” que jamás llegó, ahí comenzó la gran debacle que hoy tristemente cosechamos, principalmente la inseguridad y la violencia; la omisión también mata.
En un hecho sin precedentes en el país, la muy disminuida oposición cada vez pierde más terreno y simpatías entre la población mexicana, el grupo conservador, identificado con el Partido Acción Nacional, carece absolutamente de discurso, pues las banderas que ondean dejaron de captar el interés de la población y, por ende, del electorado.
Los 42 posibles candidatos mencionados por el presidente Andrés Manuel López Obrador son un acto de alta benevolencia, porque ninguno cuenta con alguna característica de lo que significa el liderazgo popular; llenar una plaza o hacer convocatoria para un mitin con lugares repletos de gente, en la oposición se cumple a billetazos, el acarreo es la única operación de convencimiento. Se creen sus propias fantasías.
La enorme autoridad moral que da el trabajo de territorio, sobre todo cuando éste se viene sembrando desde hace décadas, se ve reflejado en las muestras de cariño sincero y de enorme cercanía del pueblo con sus liderazgos que reconocen por nombre y apellidos.
La autoridad moral del liderazgo nada tiene que ver con el poder, ya que este último es consecuencia de lo primero, incluso se sostiene gracias también al primero, cuando no se tiene autoridad moral, el poder se ejerce de manera autoritaria.
Un legado de autoridad moral no puede heredarse a cualquier persona, sino solamente a quien tiene características propias de quien lo ostenta, donde incluso se puede hablar de continuidad, capacidad de persuasión y reconocimiento en el campo de la operación política; un ejemplo claro es el incesante incremento en la aprobación y empatía que el pueblo de México le está expresando a Adán Augusto López Hernández. El uso de sus facultades y atribuciones lo tiene en primera plana nacional desde hace dos meses, y es el único que mantiene un crecimiento de enorme confiabilidad y lealtad al presidente López Obrador, más allá de cualquier proyecto personal, sólo cumpliendo y dando resultados, sin usar botargas, maquillajes exquisitos ni convirtiéndose en atleta de ocasión. Se hace política de forma madura, astuta y natural.
El liderazgo de Adán Augusto López Hernández muestra claramente que el ejercicio del poder, cuando éste se otorga desde la legitimidad, proporciona autoridad moral, ha mostrado su carisma y personalidad en el quehacer gubernamental, hoy es sinónimo de equilibrio emocional, espiritual, ético y patriota.
