La derecha nunca gobernará la CDMX
Terra pátria es la tierra de los padres, es el lugar donde reposan los huesos de los antepasados y que, a su vez, ocupan sus espíritus, así era como contemplaban los griegos a la patria. Así como para los griegos, los atenienses y también para los romanos, el ...
Terra pátria es la tierra de los padres, es el lugar donde reposan los huesos de los antepasados y que, a su vez, ocupan sus espíritus, así era como contemplaban los griegos a la patria.
Así como para los griegos, los atenienses y también para los romanos, el sentimiento patriótico era una virtud suprema por encima de cualquier otra, perder el patriotismo era despojarse de todo. Platón decía, “la patria nos engendra, nos sustenta, nos educa”.
No se trata simplemente de un domicilio, no es una circunscripción dentro de una alcaldía, mucho menos una condición social o económica, la identidad que representa la Ciudad de México es una en la que coincidimos todos los mexicanos.
La Ciudad de México es la patria chica de los mexicanos. Aquí confluyen todas las luchas, las historias y los destinos, no hay un solo connacional en el país que no se encuentre vinculado de alguna forma, o como un anhelo incluso, con la ciudad capital.
Aunque el origen de las distintas transformaciones viene como idea de los estados de Guerrero, Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz, y de otros tantos, los triunfos de dichas gestas se han escrito en la Ciudad de México. Es el sinónimo del triunfo de la lucha social.
Por desgracia para el país, el pensamiento conservador fue el que en su momento contribuyó para perder más de la mitad de nuestro territorio hacia Estados Unidos, las luchas fueron siempre en contra de los opresores que también se identificaban con lo que hoy es la derecha apátrida; fueron también los que habían cedido la industria petrolera, la eléctrica, y que entregaron a extranjeros voraces, una tendencia privatizadora en contra de los derechos constitucionales y alejada completamente del sentido social de las mayorías más marginadas.
La Ciudad de México está poblada primordialmente por enormes ciclos de migración interna que, desde principios del siglo pasado y con mayor contundencia en la década de los 70 y los 80, llegaron a lo que hoy se conoce como la Zona Metropolitana de la ciudad; se les acogió porque huían de la pobreza extrema y aquí carecían de los servicios urbanos básicos. Poco a poco se les ha venido integrando para que se hagan efectivos todos los derechos que la Constitución federal y local contempla.
El desliz electoral de 2021, donde se perdieron 9 alcaldías, no debe ser visto como una premonición astrológica, mucho menos como un algoritmo electoral que garantice el triunfo a alguna fuerza política. Las características del electorado de la CDMX son sofisticadas, es el más politizado de México, el más informado y forma parte del conglomerado que ha participado en la lucha por los derechos de todo el país.
La posibilidad de que la Ciudad de México fuera gobernada por un conservador solamente coincidiría con la ausencia de operación política o donde las razones del voto de castigo fueran tan amplias y numerosas como para perder el histórico bastión de la izquierda mexicana. El centro de la lucha social del país.
Por fortuna, de los aspirantes de la oposición ninguno reúne los mínimos requisitos para poder gobernar una ciudad donde la historia de sus malos gobiernos aún está muy fresca. Aquí se tiene que conquistar el corazón de los chilangos.
