La boca de la verdad: del mármol al silencio cómplice

Tallada en mármol en el siglo I d. C., la Bocca della Verità ubicada en el pórtico de la iglesia de Santa María en Cosmedin, en Roma se convirtió desde la Edad Media en leyenda viva: se decía que mordía la mano de quien mintiera. Pero fue en la República de Venecia ...

Tallada en mármol en el siglo I d. C., la Bocca della Verità —ubicada en el pórtico de la iglesia de Santa María en Cosmedin, en Roma— se convirtió desde la Edad Media en leyenda viva: se decía que mordía la mano de quien mintiera. Pero fue en la República de Venecia donde esa metáfora adquirió una función real: a través de las Bocche di Leone, esculpidas en piedra con rasgos humanos o animales, los ciudadanos podían introducir denuncias anónimas contra traidores, corruptos y evasores del fisco. Estas bocas estaban colocadas en los muros de edificios públicos, principalmente el Palacio Ducal, y servían como instrumentos de vigilancia política y justicia sumaria. Con el tiempo, ese símbolo de verdad inapelable se ha transformado en algo más ambiguo: en nuestros días, la “boca de la verdad” no siempre muerde a quien miente, a veces guarda silencio… o simplemente cobra por hablar.

En el escenario político global la “boca de la verdad” se activa con selectividad quirúrgica. Cinco escándalos recientes lo confirman: 1. Brasil-Lava Jato: la investigación que tumbó presidentes del Partido de los Trabajadores también exhibió cómo políticos de derecha, como Aécio Neves, recibieron sobornos millonarios. Aun así, continúan libres. 2. España-Caso Gürtel: el Partido Popular se vio implicado en una red de corrupción institucionalizada.

Aunque hubo condenas, el esquema permitió que varios beneficiarios conservaran cargos y fortunas. 3. Francia-Nicolas Sarkozy: condenado por corrupción y tráfico de influencias, su proceso fue más una puesta en escena que un acto de justicia. Las redes de poder se encargaron de amortiguar las consecuencias. 4- Perú-Dina Boluarte: llegó al poder tras la destitución de Pedro Castillo, en un contexto cuestionable desde lo constitucional.

A pesar de las protestas y denuncias de represión, ha sido legitimada por intereses geopolíticos y por medios que callan cuando la ilegalidad conviene a los poderes fácticos. 5. Italia-Silvio Berlusconi: el magnate y político fue acusado por delitos fiscales y escándalos sexuales. Su control mediático y capacidad de reformar leyes lo blindaron por décadas. La justicia llegó tarde y sin consecuencias reales.

Y en México, ¿dónde está la mordida de la boca de la verdad cuando se trata de quienes verdaderamente han saqueado al país? La impunidad se ha convertido en herencia y la corrupción en forma de vida para muchos que gobernaron bajo el manto del PRI y el PAN. No es reciente: es estructural, generacional y cínica. Tres casos lo ilustran con claridad: * Carlos Romero Deschamps (PRI): símbolo de la corrupción sindical, vivió décadas enriquecido a costa de Pemex. Viajes, joyas, residencias en el extranjero, todo con recursos de los trabajadores del petróleo.

Nunca fue procesado. * Felipe Calderón Hinojosa (PAN): exmandatario que declaró una “guerra contra el narco” que dejó más de 120 mil muertos y un país ensangrentado. Hoy, su exsecretario de Seguridad Genaro García Luna ha sido condenado en EU por vínculos con el crimen organizado, mientras Calderón guarda silencio o se victimiza. La verdadera traición fue institucional. * Vicente Fox Quesada (PAN): el presidente del “cambio” terminó convertido en empresario del cannabis. Su familia y allegados protagonizaron escándalos por uso indebido de recursos públicos. El mismo hombre que prometió limpiar la casa fue parte del saqueo.

Pero no sólo los políticos han deformado la boca de la verdad. También lo han hecho ciertos medios de comunicación y supuestos informadores que por décadas lucraron con la mentira, la calumnia y la extorsión disfrazada de periodismo. Voces que se venden al mejor postor, que acusan sin pruebas, que construyen campañas de linchamiento mientras encubren a quienes les financian. La boca de la verdad también ha sido un micrófono envenenado, manipulado por grupos empresariales o intereses políticos.

Y cuando la verdad se calla la impunidad se vuelve costumbre. Hoy más que nunca urge una sociedad que no tema a la verdad, una justicia que no dependa de apellidos ni filiaciones, y una ciudadanía que no acepte que la moral sea selectiva. La boca de la verdad no debe ser sólo símbolo: debe ser principio. Que muerda sin distinción. Que calle menos y actúe más. Porque cuando se hace de la boca chiquita, la corrupción crece con la boca llena.

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