El país más democrático del mundo: México
La jornada electoral más reciente en México ha marcado un punto de inflexión sin precedentes en la historia jurídica y democrática del país. Por primera vez, el pueblo mexicano eligió mediante voto directo a quienes ocuparán los máximos cargos del Poder Judicial. ...
La jornada electoral más reciente en México ha marcado un punto de inflexión sin precedentes en la historia jurídica y democrática del país. Por primera vez, el pueblo mexicano eligió mediante voto directo a quienes ocuparán los máximos cargos del Poder Judicial. Un hecho inédito, no sólo a nivel nacional, sino a escala global. Ningún otro país ha dado un paso de tal envergadura para democratizar a fondo la administración de justicia. México lo ha hecho.
Detrás de esta conquista histórica está la visión profunda, disruptiva y transformadora del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien, en un acto simbólico y político de gran calado, reapareció públicamente tras concluir su sexenio, para emitir su voto precisamente en la elección que él mismo concibió como el camino hacia una verdadera justicia popular.
Durante décadas, el Poder Judicial fue percibido como un órgano cerrado, elitista, ajeno a los intereses del pueblo, y muchas veces protector de privilegios e impunidad. Las resoluciones judiciales, en muchos casos, desentonaban con el clamor social y la legalidad democrática. El acceso a la justicia era, para millones, una quimera. Hoy, esa historia empieza a cambiar.
La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, en su carácter de Presidenta constitucional, tuvo la firmeza y la convicción histórica de dar continuidad al proyecto de democratización impulsado por su antecesor. Con habilidad política y visión de Estado, negoció con el Instituto Nacional Electoral (INE) las condiciones de esta elección histórica, enfrentando resistencias férreas de la oposición conservadora que intentó, por todos los medios, frenar un proceso que consideraban una amenaza a sus cuotas de poder.
Pese a las campañas de desinformación, a las denuncias sin sustento y al ruido mediático orquestado por quienes históricamente han usufructuado el aparato judicial como instrumento político, el pueblo votó con claridad. No sólo por nombres, sino por perfiles, trayectorias y propuestas.
En este nuevo escenario se perfilan juristas que gozan de reconocimiento por su integridad, formación y compromiso con la justicia: Yasmín Esquivel Mossa, quien podría convertirse en la primera presidenta de una Suprema Corte electa democráticamente; Lenia Batres, Loretta Ortiz, Mónica Güicho, Paula García Villegas, César Gutiérrez Priego, Carlos Odriozola, Arístides Guerrero y Eduardo Santillán, entre otros, representan una generación de jueces con vocación social, independencia de criterio y solvencia profesional.
Sin embargo, no todo el mapa electoral fue ejemplar. En entidades como Durango y Veracruz, las elecciones locales evidenciaron el uso descarado de recursos públicos, la coacción del voto, la intervención de fuerzas del orden y la compra masiva de voluntades. En Durango, particularmente, se vivió una elección de Estado en toda la extensión del término. La violencia política, el uso de aparatos de persecución y la distorsión del proceso democrático generaron una atmósfera de fraude institucionalizado. Frente a estos atropellos, la capital del estado y otras regiones han documentado con claridad los elementos suficientes para la anulación del proceso. No se trata de un acto de revancha, sino de la defensa legítima de la voluntad popular. La justicia electoral, en esta nueva era, no puede ser cómplice del autoritarismo ni del dinero ilícito que contamina la democracia.
Estas elecciones históricas, en su conjunto, son el resultado de una revolución pacífica, institucional y ética. Como lo he sostenido anteriormente, México se convierte con esta reforma judicial profunda en el país más democrático del mundo. Porque ningún otro ha tenido el valor de poner en manos del pueblo el nombramiento de sus jueces. Porque ningún otro ha apostado con tanta claridad por un sistema donde la justicia deje de ser una élite y se convierta en un derecho real, cercano y accesible para todas y todos.
Estamos viviendo una refundación silenciosa, pero imparable. El futuro de México se decide con el voto, con la conciencia y con la dignidad de su pueblo.
