Cuevas y Alessandra: la política del like
La alcaldía Cuauhtémoc, ese núcleo vibrante de la Ciudad de México, padece un mal sutil en sus dirigentes recientes: una inclinación por las decisiones que privilegian el aplauso virtual sobre la gestión profunda. Sandra Cuevas, quien ocupó el cargo de 2021 a 2024, y ...
La alcaldía Cuauhtémoc, ese núcleo vibrante de la Ciudad de México, padece un mal sutil en sus dirigentes recientes: una inclinación por las decisiones que privilegian el aplauso virtual sobre la gestión profunda. Sandra Cuevas, quien ocupó el cargo de 2021 a 2024, y Alessandra Rojo de la Vega, su relevo desde entonces, emergen como prototipos de una oposición muy limitada que recurre a actos absurdos para forjar algo de agenda política en medio de la ausencia absoluta de liderazgos sólidos y propuestas sustantivas.
Parecen atrapadas en una campaña perpetua, donde el fin primordial es cosechar likes en las redes sociales, con el auxilio de asesores que funcionan como una vicealcaldía en las sombras. Esta mecánica transforma los actos públicos en maniobras de relumbrón efímero, en perjuicio de la memoria compartida y la identidad cultural.
Veamos el episodio más fresco de Rojo de la Vega. El 17 de julio de 2025, dispuso la retirada de las estatuas de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en el Jardín Tabacalera, aduciendo reclamos vecinales e irregularidades en los trámites.
Históricamente, ese enclave no es banal: en 1955, Fidel, desterrado tras el asalto al Cuartel Moncada en 1953, se topó con el Che en un encuentro propiciado por Raúl Castro. México no fue un mero albergue pasajero; constituyó el semillero del Movimiento 26 de Julio, con prácticas en ranchos locales, adquisición de pertrechos y un mitin en Chapultepec. Detenidos en 1956 por presuntas actividades insurgentes, el expresidente Lázaro Cárdenas medió por su libertad, personificando la Doctrina Estrada de no injerencia y soberanía. Desde Tuxpan, Veracruz, partieron en el Granma, alumbrando la Revolución Cubana de 1959, faro de la resistencia antiimperialista que iluminó contiendas en Nicaragua, El Salvador, Colombia y las descolonizaciones africanas.
Desde el ángulo jurídico, esta medida suscita dudas sobre el acatamiento a bienes culturales y el proceso debido, pues el gobierno central de la Ciudad de México, liderado por Clara Brugada, ha exigido las piezas para recolocarlas, invocando transgresiones normativas.
Sociológicamente, implica un desgaste de la solidaridad histórica mexicana —de Hidalgo a Trotsky—, que nos erige como nación acogedora. Psicológicamente, delata una predilección por percepciones superficiales ante relatos profundos, donde la historia se convierte en un escollo estético para “mejoras” que avivan polémicas y, con ellas, interacciones digitales.
Este molde se repite en las iniciativas de Cuevas, quien en 2022 promovió la uniformización de los rótulos en los puestos ambulantes, suprimiendo ilustraciones vivaces de tortas y tacos que encarnan el arte popular capitalino, legado de una gráfica autóctona mestiza. Alegó un acuerdo general, mas desató quejas de artistas y residentes que reivindicaron esos trazos como el espíritu de la calle, esencial para la unión social en ámbitos urbanos efervescentes. Jurídicamente, aunque respaldado por disposiciones de imagen urbana, el gesto pasó por alto el valor intangible del patrimonio inmaterial, y sólo campañas ciudadanas consiguieron restituciones parciales. Psicológicamente, evidencia un distanciamiento de la identidad colectiva, donde el “orden” impone una monotonía opaca sobre el bullicio vital que define lo mexicano, más genuino que cualquier emblema turístico.
Ambas dirigentes, en su afán por la viralidad, personifican una política del meme: resoluciones que no administran con mirada estratégica, sino que anhelan ovaciones fugaces en las plataformas digitales, delegando en consejeros la orquestación de la imagen. Esta ligereza, ataviada de modernidad, despoja el alma común al desdibujar costumbres y emblemas. ¿Qué vendrá después? ¿Desmontar el Ángel de la Independencia por entorpecer el tránsito, o allanar los murales de Juan O’Gorman en la UNAM por “desarmonía visual”? La Cuauhtémoc precisa administradores anclados en la historia y el derecho, no en los caprichos de los algoritmos. Empatía, moderación y patriotismo auténtico son los pilares para custodiar nuestra esencia.
