Adán Augusto, águila
Se construye el liderazgo nato y la cercanía popular de un auténtico representante de la mexicanidad
Águila o sol, las dos caras de la moneda mexicana.
Xóchitl es irrelevante, pero aún más cuando quienes la respaldan son los decanos del proyecto neoliberal mexicano. José Ángel Gurría, quien después de 15 años como titular de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en lo que parece una especie de organismo del “jet set” internacional en el que Carlos Salinas de Gortari nos sumó como país, condición que nunca benefició en la política social de México, jamás se prosperó con esa intención, por el contrario, es la caja de resonancia del neoliberalismo mundial; Vicente Fox, el peor presidente de la historia de México, es otro que, con toda estrategia propagandística, a propósito escribe “tuits” inentendibles y con garrafales faltas de ortografía, sumando a millones a su lectura (sarcasmo), de ahí entre otros más destacados y tristemente célebres miembros de la cúpula neoliberal de México, son los que han diseñado y ejecutado toda una campaña de promoción mediática y de redes en favor de Xóchitl Gálvez, se nota el enorme presupuesto económico invertido; la narrativa es una manipulación de símbolos que utilizan el eslogan del indigenismo.
Ser indígena, además de ser un orgullo, de pertenecer a un grupo indígena o pueblo originario, reviste también el uso vivo de cualquiera de las 68 lenguas vivas en nuestro país, estar sujeto al artículo 2º constitucional referente primordialmente a los usos y costumbres, y si se es activista social o político, paralelamente, la bandera indígena y la defensa de sus derechos deberían ser una enorme prioridad para quienes forman parte de esa digna comunidad. Pero hacer creer que se pertenece a un grupo social, llámese de la diversidad, migrantes o indígenas, solamente para el uso mercadológico o de interés electoral es un mecanismo, cuando menos, cínico e hipócrita, pero quienes lo ejecutan lo consideran rentable, aunque, en los hechos, no se pueda acreditar, sigue siendo una botarga. Esa estatua de sal, eventualmente, se va a desmoronar.
En la otra cara de la moneda se construye todos los días el liderazgo nato y la cercanía popular de un auténtico representante de la mexicanidad, no necesita inventar o crear una figura de fantasía, simplemente el pueblo lo reconoce como un mexicano astuto, inteligente, de oratoria elocuente y agradable, los grupos indígenas lo arropan a él, no a los apátridas neoliberales ni extranjeros disfrazados de mexicanos.
Este ejercicio de tremenda convocatoria que ha llenado casi 50 plazas públicas en tres semanas de haber iniciado su promoción como aspirante a coordinar los Comités de la Defensa de la Cuarta Transformación; de manera orgánica, le han hecho estar ya a tres puntos de quien encabeza las encuestas de preferencia para ocupar dicho cargo.
De los aspirantes con posibilidades reales, ahora sin cargo público, se aprecia a quienes han realizado operación política a nivel nacional cerca del pueblo, y a quienes su nulo poder de convocatoria los ha orillado a hacer eventos fríos, demasiado institucionales, alejados de la gente en un símil de escaparate que puede ser egocentrista o de temor al pueblo, en el peor de los casos pareciera que algunos de ellos lo que están haciendo es descubrir México, demasiado escritorio y nada de territorio. Demasiado citadinos, les sorprende el agua del mar, las ubres de una vaca y se percatan de que la batucada no es veracruzana.
Adán Augusto López Hernández también ha sido objeto de una campaña negra donde los sicarios son, coincidentemente, los mismos desde que el movimiento existe, son enemigos naturales, curiosamente, obedecen a los mismos intereses que el Dr. Frankenstein de Xóchitl, todos salinistas, todos coludidos con intereses ajenos al pueblo. Su amo sólo tiene ceros a la derecha.
