Perfil criminal contra mujeres. Mara Castilla
“Cuídate de los buenos, que a los malos yo te los señalaré”… En 1915 nació uno de los criminales que hicieron historia en los anales de la historia negra del país, creció en Córdoba Veracruz y en la colonia Tacuba de la ...
“Cuídate de los buenos, que a los malos yo te los señalaré”…
En 1915 nació uno de los criminales que hicieron historia en los anales de la historia negra del país, creció en Córdoba Veracruz y en la colonia Tacuba de la Ciudad de México, odió a las mujeres desde muy temprana edad, tuvo que casarse para evitar un proceso penal por estupro, él y su pareja perdieron al bebé un día después de la boda, al poco tiempo se divorciaron.
Su repulsión hacia el sexo femenino se recrudeció al pasar de los años, todo por los constantes rechazos de sus pretendidas, crecía en él un estado sicológico de aversión hacia ese sexo. Al no tener capacidades para iniciar una relación estable comenzó a tener relaciones con sexoservidoras.
Su primera víctima, Bertha fue una sexoservidora rubia de 16 años, la mató al ser ahorcada con un mecate en el baño del estudio del homicida, ya muerta la violó para, posteriormente, sepultarla a menos de un metro de profundidad en el jardín del mismo local. Inició así su faceta como asesino y criminal sexual. A la segunda mujer del mismo oficio y de 14 años la asesinó del mismo modo y la enterró, también después de violarla al lado de la primera, a la tercera de nombre Graciela Arias Ávalos, estudiante universitaria a quien pretendía sentimentalmente y quien lo rechazó en un principio, también la asesinó ahorcándola dentro de un Ford modelo 1939, pasó la noche con ella, muerta la violó y la enterró junto a las otras dos.
La noticia eclipsaba las notas de la Segunda Guerra Mundial, un asesino serial ocupaba las portadas de la prensa nacional, en menos de 20 días había matado a 3 menores de edad, dos que por su profesión y supuestos nombres nadie lloró, la universitaria fue el escándalo.
Gregorio Cárdenas Hernández, (Goyo Cárdenas) fue recluido en Lecumberri, antes estuvo en el manicomio de La Castañeda de donde se fugó; después de su reaprehensión, estando interno, estudió derecho, obtuvo su título de abogado en 1980, defendía reos, se casó en prisión y fue padre de 5 hijos, estuvo 34 años preso. Murió en libertad.
Este multihomicida cumplió su sentencia, rehízo su vida. Sus víctimas se enfrentaron a un hombre perturbado emocionalmente que encontró refugio a sus carencias existenciales acabando con la vida de otros seres inocentes.
Su historia criminal coincide con cientos de casos en el mundo, su perfil misógino es la constante, los sicópatas y delincuentes sexuales son diversos, desde los que realizan tocamientos hasta los que violan y después asesinan, estos últimos son mediáticos por la gravedad de los hechos, sin embargo, se cuentan por miles los abusadores sexuales comunes anónimos e impunes. La indignación social que causan los episodios de gran violencia mete en aprietos a los gobiernos que buscan responsables antes de reconocer una pandemia feminicida como algunos lo sugieren.
El terrible caso de Mara Castilla, violada y asesinada en Puebla, tiene al país dolido. Las redes sociales han dividido los razonamientos, desde el lógico, donde la exigencia al Estado que debe garantizar la seguridad y la libertad de sus habitantes no importando su género, hasta el absurdo, donde han cuestionado la conducta de la víctima, incluso sancionar hasta al medio de transporte.
El agravio es a la sociedad mexicana, no solamente a un género, es producto de un proceso degradante que va en aumento, donde las mujeres son acosadas a diario hasta la muerte como el triste caso de Mara.
Urge aplicar medidas exhaustivas de prevención y protección de género. Los hombres que admiramos y queremos a mujeres libres nos sumamos a la lucha desde todas las trincheras, reeducar debe ser la constante, desde evitar las “bromas” de aberración femenina y la subcultura del comercio sexual que contribuye a la trata de personas.
Fomentar la denuncia de delitos por mínimos que sean, abatir la impunidad con la exhibición de las autoridades que consideran cosas menores a actos lascivos. Me uno al grito de: ¡Ni una menos!
*Profesor de derecho penal en la Facultad de
Derecho de la UNAM
Twitter: @ricar_peralta
