Voz en las calles y pies de barro de Morena

El rechazo a la reforma toca fibras sensibles de la sociedad.

Las movilizaciones en contra de la propuesta de AMLO-Sheinbaum para demoler el Poder Judicial desmienten la idea de que el pueblo votó a su favor. También las encuestas desmienten a la dupla presidencial sobre su propuesta. Es más, la comunidad de inversionistas y empresarios nacionales y extranjeros, también. Y habría que señalar que organismos internacionales, medios de comunicación mundiales y diversos gobiernos han manifestado su rechazo a la medida, al igual que la sociedad mexicana.

El partido oficial, percibiendo que no tiene los votos necesarios para su ratificación en el Senado de la República, ahora se dedica a cambiar la formulación matemática necesaria, reduciendo el número de votos necesarios para que se apruebe. Obviamente, sería un acto ilegal imponer ese cambio del umbral de votos necesarios, pero dado que la mentira, la corrupción y el juego sucio es lo que predomina en el quehacer político de Morena, son capaces de intentarlo de cualquier manera.

Durante las elecciones recientes, amplios sectores sociales se expresaron en las calles de toda la República. Hoy, amplios sectores se movilizan también, pero se ha ampliado su espectro social y económico. Hoy, los trabajadores del Poder Judicial se han movilizado como nunca lo habían hecho. Estudiantes de cientos de universidades se movilizan en solidaridad con los trabajadores y también en rechazo a la propuesta de reforma judicial.

El rechazo a la reforma toca fibras sensibles de la sociedad, porque se siente que el gobierno le quiere arrebatar su capacidad de defenderse vía la eliminación de sus instrumentos legales. En el fondo, la resistencia a los cambios parte de una natural desconfianza de la sociedad mexicana hacia los propósitos y pretensiones del gobierno. Reina la desconfianza y la suspicacia.

Es curioso que en el momento de la mayor victoria electoral de Morena y de una supuestamente altísima popularidad del Presidente, reine la desconfianza de la sociedad hacia el gobierno. Por más que Morena lucha por sacar gente a la calle para defender la causa de la reforma, la oposición la opaca completamente. El supuesto consenso sobre la reforma judicial, obviamente, no existe.

El conflicto y disenso en torno a la reforma están descubriendo los pies de barro de este gobierno. No tiene la solidez ni el apoyo social ni la política que quiere que la sociedad piense que tiene. No ha podido generar un movimiento social de apoyo a la propuesta. Los estudiantes que vitorearon a Batres y Ortiz enfrente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación fueron un contingente patéticamente pequeño.

El voto a mano alzada en el Zócalo capitalino fue un acto de fieles del partido, con sus salarios y programas sociales a flor de piel. Al mismo tiempo que se gestaba ese voto a mano alzada, al otro lado del Zócalo, miles de estudiantes y trabajadores repudiaron la reforma con independencia de criterio y voluntad. La escena era clara: de un lado, los siervos esclavizados y del otro lado, hombres y mujeres libres, con la fuerza de voluntad para exigir el respeto a sus derechos.

Dónde está ese partido oficial avasallador que se siente con derecho a imponer al país su criterio, su opinión y su modelo de República sin consultar a nadie ni tomar en cuenta la diversidad de opiniones y criterios que tiene México. Piensan, y ahora vemos equivocadamente, que México es un país de una sola opinión: la de AMLO-Sheinbaum.

Pero se equivocan. Lo que marca y distingue a México hoy es que es un país diverso y complejo. Por eso, la fechoría del INE y del Tribunal Electoral de otorgarle a Morena la sobrerrepresentación en el Congreso traicionó el verdadero carácter del país. Quisieron imponer la unicidad por encima de la multiplicidad. Vergüenza debería darles a ambos órganos electorales, cuyos integrantes, en lo individual, deberían saberse traidores al interés superior de la nación.

Todo este conflicto ha abierto, inopinadamente, una profunda grieta entre la sociedad y el partido-gobierno. Muestra que el elefante burocrático y esclerótico que es el Estado bajo el mando de Morena está hecho de pies de barro, sin tener la fuerza que pretende, sin el espíritu de representar cabalmente a toda la nación.

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Aunque logre imponer su reforma en el Senado, más temprano que tarde este régimen se va a colapsar. Lo demuestra la movilización social y política, descubriendo los pies de barro de Morena. Hoy en México la voz y la iniciativa están en sus calles.

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